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CANCIONERO DE BAENA.

EL CANCIONERO

JOAN ALFONSO OE BAENA

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(SIIH.0 XV).

AHORA POR PRIMERA VEZ DADO A LUZ,

OOH MOTAS T OOUBHTAnOiL

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IMPREflTA DK LA PUBLICIDAD, Á CARGO DI ■. HlfAtlCMCflIA,

Calle 4f J(»iii5 d^^ Talle, Dan. t.

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1 56 i 59

PRÓLOGO.

El libro que hoy damos á luz « ' y que hasta el presente se conser- yaba' inédito, viene ocupando hace muchos años la atención de los eruditos y literatos, así nacionales como eiLtranjeros. Motivos muy po- derosos han excitado el interés del gremio literario con respecto á este antiguo Códice, señaladamente desde que á fines del siglo último dio de él una extensa noticia el docto Rodríguez de Castro, en el tomo pri- mero de su Biblioteca española.^Eiítre aquellos motivos, tres campean en primera línea : 1 / la época á que pertenecen las composiciones de que consta el Códice , época poco y mal conocida bajo el aspecto literario , á tal punto que forma una verdadera laguna en la historia de nuestra literatura ; 2/ y consecuencia de aquel, la cualidad de en- teramente desconocidos que tienen muchos de los autores de aque- llas composiciones , como pertenecientes á un período no explorado, y del cual se conservan, es cierto, muchas composiciones en nuestros archivos y bibUotecas, pero de ellas son muy pocas las que se han publicado ; y 3.*" la circunstancia muy rara de no haber noticia más que de un solo ejemplar del Códice, y la' de ser este, según varios indicios, si no el primitivo y auténtico presentado por Baena á Don Juan II, para quien lo compiló, según expresa en su Prólogo , á lo menos una copia hecha en su tiempo, y sin duda para persona califi- cada , como lo demuestran el primor de la escritura y el lujo del libro* Hacemos mérito de esta circunstancia, porque desde luego se presenta como una prenda de esmero en la reproducción del manuscrito ori- ginal , dado que no lo sea este mismo. En tal concepto , el texto único que hoy se conoce del Cancionero de Baena , y nosotros hemos tenido á la vista , merece entera confianza , no obstante sus numerosas y evi- dentes incorrecciones, frecuentes en todos los antiguos códices. De ello suministraremos abundantes pruebas en las Notas que van al fin del texto.

Forma este un códice en folio mayor, bien conservado , en papel , de 205 folios, escritos en dos columnas, con caracteres góticos de princi- pios del siglo XV. Está encuadernado en tafilete verde, por el encuader-

▼I PRÓLOGO.

Dador ioglés Lewis ; las hojas tienen los cantos dorados. Ha safrido algunas pequeñas mutilaciones, de que daremos cuenta en los pasajes respectivos. Al fín del Códice se leen, en diferente papel y en letra mucho más moderna, las Coplas de Jorge Manrique á la muerte de su padre, y los Proverbios del marqués de Sanlillana ; composiciones que no reproducimos por ser muy conocidas, y porque evidentemente no forman parte de la compilación de Baena. .

Hállase actualmente este precioso Códice en la Biblioteca Nacional de Paris, señalado con el n.® 1 932. Comprólo aquel establecimiento en abril de 1 836, por la suma de mil ochocientos francos, al librero francés Mr. Teschner', el cual lo adquirió por sesenta y tres libras esterlinas, en Londres, en la almoneda que allí se hizo por entonces de los libros que pertenecieron á Mr. Heber.. A este caballero inglés vendieron el Cancionero de Baena los herederos de D. José Antonio Conde, en cuyo poder se hallaba á su muerte, por el motivo que diremos luego. Ninguna duda puede quedar de que este Códice es el mismo que aun existía á principios de este siglo en la biblioteca del Escorial , donde lo exami^ naron y describieron minuciosamente Rodríguez de Castro, Pérez Ba- yer, Iriarte y otros bibliógrafos. En la citada biblioteca no obra ningoii documento oficial por el que conste la salida de este Códice ; mas, de las noticias que acerca de ella hemos recogido, resulta que habién- dose tratado, antes de la invasión francesa del año 1808, de continuar la Colección de Satchez , fíiéron comisionados al efecto Cienfuegos, FTavarrete y Conde, quienes por conducto de las reales academias Es- pañola y de la Historia allegaron algunos manuscritos antiguos, entre ellos el de Baena. Teníanlos depositados en casa de Conde , donde se reunían para el desempeño de su comisión; mas precisados á sepa- rarse por los sucesos de la guerra de la. Independencia, se convino en que el último entregase los códices en la Biblioteca Real para su custodia. No consta en este establecimiento que así lo veriñcase, y el anuncio del Cancionero de Baena, entre los papeles y libros que perte- necieron á Mr. Heber, es un vehemeiite indicio de que, á lo menos por lo tocante á este Códice, no le fué posible cumplir con lo conve- nido. Acaso también, entregado en la Biblioteca Real sin las debidas formalidades, alguno lo extraería de ella ,*y lo vendería á los herede» ros de Conde. Como quiera, es lo cierto que desde principios de este siglo falta de la biblioteca del Escoriaf el Cancionero de Baena.

1 París, plaza de la Bolsa , núm. i 2.

PRÓLOGO^ TU

Timpooo coDsta oñdalmente en dicha biblioteca la entrada del ma- .nuscrito que nos ocupa. Según todas las probabilidades, pasaría á ella con otros códices y libros que existían en la capilla real Granada, cuando Felipe 11, en 1591 , los mandó trasladar al Escorial. Sabido es que á la expresada capilla legó la reina D.* Isabel sus libros y meda- llas ; eslo igualmente que en la biblioteca particular de aquella gran reina existia el códice de Baena,' como se demuestra por el inventario de sus libros., que se conserva en el archivo de Simancas* ; es na* toral suponer que dicho Códice pasaría á pojder de D/ Isabel con los domas libros propios de la corona ; y así por esta parte no vemos nin- guna dificultad en admitir que el ejemplar que hoy existe en París sea el mismo que Baena presentó al rey D. Juan II. Cuantos escritores, desde el tiempo de Felipe II acá , han citado este Cancionero, se han referído al ejemplar depositado en la biblioteca del Escorial : no cree^ mos que haya noticia de otro alguno. Por consiguiente , ínterhi nuevas investigaciones no vengan á demostrar lo contrario, debemos creer que la verdadera procedencia del ejepplar hoy conocido del Cancionero do Boma es la que dejamos apuntada ; de Baena pasó á D. Juan II, de D. Juan II á D. Enrique IV, de este monarca á D.* Isabel. De la librería de la Reina Católica (que la tenia en el alcázar de Segovia á cargo de Rodrigo de Tordesillas,. vecino y regidor de dicha ciudad» en 4503*), pasó por legado á la capilla real de Granada, donde se guardaba, con los demás libros.de la misma propiedad, en una pieza sobre la sacristía, en 1526 '. De allí , por mandado de Felipe II, pasó, en 1591, al Escorial. Entregado en principios de este siglo á D. José Antonio Conde , no se vuelve á saber del Códice hasta que , apa- reciendo venal en una almoneda, en Londres, lo compra un librero francés, el cual lo vende en i836 á la Biblioteca Nacional de Paria, según dejamos referido.

En el inventarío de los libros de la Reina Católica se denomina este Cancionero Tratado de Alonso de Baena; antes se asienta otro libro titu- lado Coplas de Alonso Alvarez de Villasandino. Clemencin opina que am- bos códices son uno mismo, fundándose sin duda en el error con que frecuentemente han tomado por de Villasandino el Cancionero de Bae-

i Clemencin publicó este InfenUrio en las páginas 434 y siguientes de su excelente Elúgiú de la Reina Católica. t ld./id.,pág. 434. S Xá. . id. , pág. 4^.

X PRÓLOGO.

el Códice de Baena. Apenas terminada, fué este devuelto al gobierno francés.

Y aquí debemos hacer mérito del señalado favor que en obsequio á la mayor ilustración del texto de Baena se dignó igualmente, hace un año« S. M. la Reina dispensar al Sr. Pidal, franqueándole su rica biblioteca particular y mandando que se le entregasen seis preciosos cancioneros inéditos ; favor que nos ha sido de grande utilidad, y por el que, aun cuando le hemos recibido indirectamente, debemos tri- butar á S. M. un testimonio de respetuosa gratitud. Como el mismo Sr. Pidal describe minuciosamente los mas notables de dichos cancio- neros, en las notas y en el apéndice de la excelente Introducción que ha puesto al frente de esta obra , creemos excusado detenernos más sobre un punto del que también se hace frecuente mención en las Notas que van al fin del texto.

La edición que hoy damos al público ofrece pues completas seguri- dades de exactitud, hasta donde nuestro esmero mas prolijo ha po- dido llevarla. Después de este cuidado preferente , le hemos puesto muy principal en declarar, por medio de notas al ñn del texto, todos |os pasajes oscuros ó viciados en nuestro sentir, y todas las alusiones á sucesos y personajes contemporáneos. Son estas muy numerosas; pues por una singularidad que realza mucho la importancia de este Cancionero, este es sin duda entre todos los conocidos el que mejor retrata el carácter de su época , y el que más estampado lleva en si, como hoy se dice, un sello de actualidad. En efecto, con pocas ex- cepciones, los asuntos de sus versos no son, como en otros, ideales ó especulativos, sino fundados en realidades contemporáneas. Dos exactos fac- símiles de dos hojas del Códice, una de prosa y otra de verso, acompañan á esta edición. Las Notas arriba citadas, los índices necesarios para el fácil manejo del libro y un copioso Glosario com- pletan la parte de trabajo que nos ha tocado en esta publicación , con la cual creemos haber hecho una cosa grata á los muchos aficionados que cuenta en toda Europa nuestra riquísima literatura nacional.

Madrid, junio de 1854.

Eugenio de OCHOA.

DE LA poesía CASTELLANA

EN LO0 tlGLOfl XIT T ZT.

Al publicar el Cancionero de Baena , este monumento insigne de la literar- tura y poesía castellanas en los siglos xiv y it , menester es decir alguna cosa sobre el estado de la poesía nacional en aquella remota época. De otra manera tal tez no se comprendería bien la Índole y la importancia de esta célebre co- lección .

La poesía vulgar nació en Europa al mismo tiempo que nacieron las lenguas Tulgares : cuando estas comenzaron & desarrollarse y & manifestar con su for- mación progresiva el movimiento lento é interior que se verificaba en los ele- mentos constitutivos de las antiguas sociedades ; cuando las nacionalidades pri- mitivas fallecían para dar origen , vida y expansión & la nueva nacionalidad europea que se levantaba sobre las ruinas de la sociedad romana y de la so- ciedad germánica violentamente entremezcladas durante cinco siglos ; cuando esta nueva nacionalidad rehusaba someterse á las condiciones de las antiguas lenguas , y demandaba un modo de expresión más acomodado al espíritu que la animaba, á la Índole de su modo especial de ver y de sentir; cuando á con- secuencia , en fin , de estas poderosas causas brotaban y nacian en toda Eu- ropa las lenguas vulgares , la poesía , esta primera y espontánea manifestación de los sentimientos elevados de cada época, se apoderó al momento del nuevo lenguaje , y compuso en él sus cantos y sus narraciones '.

Verificábase este sorprendente fenómeno en las clases últimas de la socie-

* No hago mis que indicar aquí rápida- extensión en el díscurso'leido en It Academia roenle mis ideas sobre la formación de las Española en 22 de Febrero de 1844. ( Gaegía lenguas vulgares , ideas que expuse con más de 5 de Marzo de dicho año.)

XII DE LA POESIa castellana

(lüil : la.s más elevadas pugnaban todaria por sostener y defenderlo^ la antigua nacionalidad . y componian y escribían en latin. Existian en la so- ciedad dns lenguas : la erudita, la oficia) , i>l órgano del saber , de la autoridad y de la religión, en un eitremo de ta escala social ; en el otro la rústica , la ruda y la inculla. Las clases ilustradas hablabau todavía latín, el pueblo solo oompiendia el romance vulgar, y en él li.iblaba y en Él componía sus rudos versos y cantares. Estos cantares . que se acomodaban sucesivamente i la ex- tensión y progresos de la lengua, son sin duda los primeros elementos de Ja poesia vulgar de las naciones modernas.

El erudito Uaynouard ' íia querido sostener respecto de la formación de las lenguas vulgares un extraño sistema , y le defiende con grande erudición y aparato. Supone que á la caída del latín todas las naciones del mediodía de Europa bablaron una misma lengua, l&lengua romana, la que después fué dividiéndose en dialectos y dando origen !i la lemosína . castellana . italiana, francesa y portuguesa, No puede darse cosa más destituida de fundamento. Las lenguas vulgares se desarrollaron, á la verdad, en Europa con cierta uni- formidad y paralelismo ; procedían casi de los mismos elementos , y siguieron en su formación y progreso la niisina ley que se observa en el desarrollo de todos los medios de acción . de todas las instituciones sociales y políticas en la Edad media. Había en todo un fondo general de analogía y semejanza, pero con diferencias notables que constituían la índole especial de cada pueblo. La monarquía, la nobleza, los concejos, la juntas nacionales, la caballería, el espíritu , en (ín , de la sociedad se asemejaba en todos estos pueblos en su Ín- dole . en su desarrollo y progreso; poro permanecían sin embargo siendo co- sas diferentes ydislintas : hubo A la verdad grandes analogías , pero identidad nunca. Con la lengua debió suceder lo mismo por lo menos. En cada uno de los pueblos indicados despuntó el romance con una inflóle peculiar marcada, y cuantos esfuerzos ha hecho el erudito que impugno para hallar en los anti- guos monumeutos la universalidad de ta pretendida lengua romana, solo prue- ban que en efecto las lenguas vulgares en cada país se estaban á la sazón y & la vez formando ; y que nacidas de elementos muy parecidos y análogos , tenían entre muchos puntos de alinídad y semejanza ; pero que i pesar de eso , el castellano fué desde el principio castellano , como fué igualmente francés el francés, é italiano el italiano.

En esto no me parece necesario insistir mbs ; pero he creído conveniente

' lilteLr áft poétitt «rig. úrt troHvoiiour*. i.— OriQine formnl.de la la«gue ramant. linniíi ( Tahlfaii iu Unfoi ate , premitre It-

(«n) impugna . slgnkndo a Schlpgel y i oirok enidilos. la univenilidid qiie M, RaTnouaril alrlbuido i la lengua df Ivs irnvadorei.

EN LOS SIGLOS UV Y XV. X11I

rebatir desde el principio esta idea , porque si todas las lenguas vulgares hu- bieran comenzado por Iíl provmxal y & la que solamente da Haynouard el titulo de ronuma * , serla necesario también hacer descender toda la poesfa vulgar de la lemosina, y asignar & la castellana orígenes que le son del todo extraños.

La poesía vulgar en Castilla nació pues con la lengua castellana : esta len- gua comenzó k formarse lenta y progresivamente en el siglo ix y siguientes : quiz& en este nos precedieron otras naciones. En España estaba más arraigada la nacionalidad romana que en otros pueblos : los godos, por otra parte, que representaban aqui el elemento germánico, estaban también por su larga per- manencia en otras provincias del Imperio más amoldados á las costumbres y habla de Roma, y es posible que estas causas hayan retardado el abandono de de la lengua latina.

De cualquier modo , todo induce á creer que la len^a castellana se hallaba ya formada y completamente separada de la latina, & fines del siglo x y princi- pios del XI. Pero en esta lengua nada se escribía ni componía , fuera de los can- tares en que el vulgo celebraba á sus héroes favoritos, ó expresaba sus senti- mientos y afecciones. Los eruditos componían y escribían versos en latin, aun después de reconocer como lengua propia la lengua vulgar castellana. Ejemplo insigno de esto lo tenemos en el autor de la Crónica de Alfonso VIL No una, sino muchas veces, habla este escritor de la lengua vulgar, llamándola con cierta complacencia lingua nostra * ; pero sin embargo , no solo escribe en la- tín la historia de aquel monarca , sino los versos en que se propuso celebrar los guerreros que concurrieron á la conquista de Almeria. Todo el que sabia escribir en el mal latin de aquel tíempo escribía en él, y bastante tíempo des- pués decia Berceo , al comenzar sus versos sobre la Yida de Santo Domingo , que iba á escribir en la lengua en que el pueblo hablaba comunmente entre sf , porque no era suficientemente letrado para escribir en latín :

Quiero fer una prosa en román paladino. En cual suele el pueblo fablar á su vecino, non tan letrado por fer otro latino.

* Leoe^ romana ó romance era la que ha» biaban los romanos , es decir , los antiguos habitantes de las provincias del Imperio : los godos , francos , lombardos y demás bárbaros invasores tenían su idioma propio , y el latin continuaba siendo la lengua de los doctos, de la Iglesia y del Gobierno : por eso todas las lenguas vulgares del mediodía de Europa se llamaron romance , y para distinguirlas se de- cia entre nosotros de una obra en lengua

vulgar , que estaba en romanee castellano, en romanee catalán , en romance francés^ etc.

* Turb<B milUum , quod nostra lingua dici- tur algaras. N. i4. Antiqui dicebant Tuceie nostra lingua Xerez. N. \^.—Super exceUam turrem quoí nostra lingua dicitur Alcázar. N. 69, etc. (Florez , Esp. sagrada, t. ni.) Esta crónica se escribió como i últimos del si- glo xn.

XIV DB LA POBSlA CASTELLANA

Comenzó pues esta primera poesía vulgar por los cantares compuestos por el pueblo , y de esto pudiéramos alef^ar numerosos testimonios. Los versos la- tinos que he citado poco ha, sobre la conquista de Almería , mencionan ya los cantares populares sobre las hazañas del Cid '. En la Crónica general de Don Alonso el Sabio se citan muchas veces los cantares de gesta como monumen- tos respetables de antigua tradiccion * ; en las leyes de Partida se habla de ellos como de una cosa muy conocida ' , y en la Crónica del Cid , escrita en el si- glo xni, se hallan restos de estos antiguos cantares» al referir jsobre la fe do ellos las hazañas de aquel guerrero V Existían pues muy desde el principio es- tos primeros acentos de la musa castellana , y en ellos debemos buscar los ele- mentos y orígenes de nuestra poesía.

Desgraciadamente estos primeros cantares no han llegado hasta nosotros , 6 s) han llegado ha sido sumamente alterados ó despojados de aquel primitivo car&cter y de aquella rudeza que tan importantes los haría hoy en el estudio actual de la historia. Por lo común no se escribían ; la tradición oral los con-

* lp$e Húdetieut, nUo Cid, itmptr woealut.

^ MDUtor ^d o* kotüéét and tuperatni

* E ilgunos diceo en sos eantar€$ de gesta qoe faé este D. Bemtldo fijo de Doña Tiber... ..fol. ccnv vacilo. E tgora sabed los que esta estoria oides , qoe maguer que los ju- glares cantan en sus eantarei é dicen en sus fiblas que Garlos el emperador conquistó en España muchos castellos... é loa! que chufan •nde non es de creer... fol. cczzvii vuelto.— E algunos dicen en sus cantares de gesta que le dijo estonces el Rey; Don Bernardo oy mas non es tiempo de mucho fablar... E dicen en los cantares que Bernardo le dijo (al rey de Francia) que era sobrino del Rey Carlos el grande... E dicen los cantares que casó es- tonces con una dueña que avie nombre Doña Calinda... non lo sabemos por cierto sinon quanto oymos decir á los juglares en sus can- tares,., fol. ccxxxvu.— E por esto dijeron los eantares que pasara los puertos de Aspa ape- sar de los franceses... fol. cclzzzvii. E di- cen en los cantares que la tovo Zamora) cercada siete años, mas esto non podrie ser... fol. icv vuelto.

* Aun facían mas (los caballeros antiguos) que los juglares que non dixesen ante ellos otros cantares sinon de gesta ó que fablasen en fecho de armas. {Ley 20, M. 21,par/tda3.*) —Lo mismo se previene en las Ordenanzas de caballería de Mosen Sent Jordi , Ley 27.—

E oltra tot af o fahien mes (los cavallers) quels juglars no dixessen davant ells altres cangons sino de Juntes (gestes probablemente) é que parlassen de fet darmes.— Bofarull , Colee, de doc, tnéd. de Aragón, t. vi, p. 86, donde se ve que el pasaje lemosino es una traducción del de la ley de Partida.

^ Guando en agosto de !8i0 publiqué en la Revista de Madrid algunos de mis estudios sobre el Poema , la Crónica y el Romancero del Cid i ya tuve ocasión de hacer una obser- vación de mucha importancia para la averi- guación y decisión de algunos puntos histó- ricos: la de que en la Crónica se conserva- ban trozos considerables de los versos y can- tares populares sobre que se hablan formado algunas partes de aquella interesante narra- ción. Entonces cité los pasajes relativos al ju- ramento que Alfonso VI prestó en manos del Cid en la iglesia de Santa Gadea (cap . 77, 78, 79) y el razonamiento de Alvar Fañez al ('.id, en el cap. 90. Pero hay otros muchos pasajes que conviene indicar, para dejar bien patentizada la exactitud de la observación. Mas áiiles debo advertir, que lo que yo cref entonces ser ver- sos largos como los del Poema del Cid, son, por la mayor parte , ó versos de diez y seis silabas con la cesura en medio , ó lo que es lo mismo , versos de ocho silabas, ó romances, aunque con las faltas propias del estado aun incierto de la versificación, y las proceden- tes de las palabras añadidas ú omitidas por

ER LOS SIGLOS xnr Y \y. xy

servaba solamente , pero los conservaba alterándolos y desfignrándolos sucesi- vamente al acomodarlos al lenguaje , á las ideas, y al modo de ver y de sentir de cada época. Creo con todo que aun conservamos afortunadamente algunos

el cronisU al reducir los versos á prosa. Asi el pas:^e del juramento puede leerse y es- cribirse de este modo, omitiendo ó añadiendo las palabras encerradas en paréntesis.

Vos Tenides jarar

Por li maerte de (el Rey) Don Sancho (voestro

qoe nin lo matastes [hennano)

nin (uestes en consejarlo -

El Rey é ellos dijeron

Si juramos fti juramoij

E dijo el Cid, si vos ende

Sopistes parte ó mandado

Tal muerte murades

Como morio el Rey Don Sancho (vuestro her-

Amen , respondió el Rey [mano)

E los (f^osdalgos) que con él juraron.

El Cid toma de nuevo juramento al Rey, y le dice (cap. 78):

Vos vealdes jurar

Por la muerte de (mi seftor el Rey) Don San-

Qae nin lo matastes [cbo)

Nin fnestes en consejarlo.

Respondió el Rey é los doce

Caballeros que (con el) juraron ;

Sl juramos:

E dijo el Cid , si vos ende

Sopistes parte 6 maridado

Tal muerte murades

Como murió (mi sefior) el Rey Doa Sancho.

Villano TOS maté

Ca tjodalgo non ,

De otra tierra venga

Que non de León.

Respondió el Rey ; amen ,

E mudogele la color

Apremiado el Rey otra vez por el Cid , pro- rompe en quejas contra él (cap. 79):

Varón Ruy Diei

Por que me aflncades tanto?

Ca boy me juramentastes

E eras besaredes (la) mi mano.

Respondió el Cid :

Como me flcíeredes el algo ,

Ca en otra tierra

Sueldo dan al Qjodalgo ,

E ansi farin a mi

Quien me quisier por vaullo.

El razonamiento de Alvar Fafiez debe leerse

asi

Estonce salió Don Alvar Faflfs, su primo cormano

Con vusca iremos Cid

Por yermos é por poblados,

Ci nunca vos falleceremos

Ed cuanto vivos seamos,:

Con vusco despenderemos

Las muías é los caballos

E los havcres e los palios ,

Siempre vos serviremos

Como leales amigos é vasallos, ete.

Véanse ahora otros pasajes en que no son menos indudables los restos de antiguos can- tares.

El Rey Don Sancho reconoce la situación de Zamora (cap. 54) :

E vio

Como estaba bien astntada De un cabo le corría Duero ( E) del otro pefta tajada , E ha el muro muy fuerte E las torres muy espesas : Non ha moro nin cristiano Que le pueda dar batalla , Si yo esta oviese seria El sefior de toda Espafta.

Estos versos recuerdan los del romanee antiguo al mismo asunto, y en que el Rey dice al Cid :

Armada esta sobre pefia

Tajada toda esta villa ,

Los muros tiene muy fuertes

Torres ha en gran demasía ,

Duero le cercaba el pie

Fuerte es a marabilla.

No la bastan conquistar

Cuantos en el mondo havia ;

Si me la diese mi hermana

Mas que i Espafia la querria.

(Duran, Honumcerü, n. 768.)

El Cid , enviado por el Rey , pide á la In- fanta la entrega de Zamora (cap. S5) :

El Rey vos embia a saludar é dicevos ;

Que le dedes i Zamora

Por haver ó por cambio

E que vos dará á Medina (de Ruyseeo)

Con todo el Infantazgo ,

Desde Valladolid

FasU Villalpando

E el castillo de Tiedra ,

E que vos jurara

Con doce de sus vasallos

Que non vos fkri

XTl DE LA POESlA CASTELLANA

de estos primitivos poemas , si no de los más antiguos , de fecha bastante re- mota para darnos una idea aproximada de su Índole y carácter. Entre ellos debemos contar, en mi concepto , el Poema del Cid y la llamada Crónica ri- mada del Cid , como también la Vida de Santa María Egipciaca y la Adora- ción de los Santos Reyes , que se conservan en un manuscrito del Escorial y que di ya á luz en 1841 *.

Mal nin dafio.

E si ge la non qneredes dar

Qoe 08 la tomará sin grado.

(Véase el romance 768 del ñamoneero de Duran.)

La Infanta pide consejo al concejo de Za- mora, y en nombre de él le dice D. Ñuño (cap. 56) :

Pues TOS demandastes eonsejo

Darvos lo hemos de grado :

Pedimos vos por merced

Que non dedes á Zamora

Por haver nin por cambio,

Ca quien vos cerca en pefia

Sacarvos querrá del llano :

&el concejo de Zamora

FarA vuestro mandado.

Antes comerán sefiora

(Los haveres) las milas é los caballos

E ante comerán los Ajos (e las mugeres)

Que nunca den i Zamora

Si non por vuestro mandado.

Lo que dijo Don Nufio

Todos i una lo otorgaron.

Después de la muerte del rey D. Sancho, D. Diego Ordoñez reta á los zamoranos de traidores (cap. 66) :

Los castella nos , diee , han perdido i su se-

Matóle el traidor Bellido [ fior,

siendo su vasallo e vos (los de Zamora)

Acogisteslo en la villa

E por ende digo que es traidor

Quien traidor tiene consigo ,

Si sabe de la traición

E si lo consiente : e por ende

Riepto i los de Zamora

También al grande como al chico

E al muerto como al vivo

En ansi al nascido

Como al que es por nascer.

E riepto las aguas que bebieren

E q^ue corren por los rios

E rieptoles el pan

E rieptoles el vino :

E si alguno hay en Zamora

Quf desdiga lo qoe yo digo.

Lldiargelo he é (con la merced de Dios) fin-

Por Ules eomo yo digo (carao

Respondió Arias Gooulo

(Bien oiréis lo que dijo):

Si yo soy cual tu dices

Non oviera de ser nascido

Mas en cuanto tu dices

Todo lo has fallido

Que lo que los grandes facen

Non han culpa los chicos

Nin los muertos

Por lo que facen los vivos, etc.

Este es el famoso reto de Zamora tau cé- lebre en nuestros romances. (Véanse los nú- meros 785, 789, 790 y 791 del Romancero de Duran , y el cap. 27, 2.* parte del Quijote. )

Juzgo que basten los pasajes citados para demostrar que algunas partes de la Crónica del Cid se formaron sobre las narraciones de los cantares y Tablas que corrían en boca del pueblo y de los cantores populares.)

De esta observación se deduce no solo la antigüedad de dichos cantares , sino la prio- ridad de la Crónica del Cid respecto de la Crónica general. Por lo común se supone que la Crónica del Cid se formó de los pasajes de la General , en que se habla de aquel guer- rero. Yo siempre be creído lo contrario , que la General se aprovechó de la narración de la particular, reformando y variando el estilo. Asi se ve que en los pasajes correspondien- tes en la General á los que dejo copiados de la del Cid , no se nota ni el menor resto de versos ni cantares ; como que la narración no se tomaba directamente de ellos, sino de la Crónica particular , en que ya se habían es- crito como prosa. Otras pruebas aun más po- sitivas tengo de la prioridad de la Crónica del Cid , pero no son de este lugar. A mi actual intento basta hacer notar la gran antigüedad de los romances y cantares que he descu- bierto en la Crónica.

1 El Poema del Cid es un cantar de gesta, si quizas no son dos ó mas cantares de este gé- nero los que forman esta composición. En efecto, como hacia el medio del Poema se dice que alli acaba uno de los cantares, y luego sigue la oamcion comenuodo con uiu

EN LOS SIGLOS XIV Y XV. XVII

Pero no se comprendería bien la importancia de estos cantares y el modo con que se componían y conservaban en la memoria y en la tradición oral de los pueblos , si no diésemos una idea de los cantores y compositores de estos poemas populares , de los que los retenían y conservaban con cuidado en la memoria, como necesidad y circunstancia precisa de su profesión. Hablo de los juglares.

Cuando el pueblo comenzó á complacerse en cantar y en oír cantar en el romance vulgar las canciones en que se celebraban sus héroes favoritos, los que le defendían de los moros, los que le acaudillaban en los combates, y los que figuraban en los lances y vicisitudes de aquella obstinada y sangrienta lu- cha, nacieron espontáneamente, si no fueron quizá continuación de otros más antiguos, los cantores populares de profesión, á quienes se xiió el nombre de juglares {joculares) , porque, en efecto, alegraban y animaban con sus cancio- nes la vida uniforme y monótona de nuestros antepasados. No hay que for- marse idea del juglar primitivo por lo que llegó á ser en los tiempos posterio- res. En el principio los juglares eran los compositores de los romances, fablas y cantares que recitaban y cantaban *. Acompañábanse ordinariamente de al-

E mayúscula becba de adornos, y de tal mag- nitud, que en el códice original , que tengo á la vista , ocupa á lo largo el ancho de cinco versos , como si se quisiera dar á entender de este modo que empieza alli otro cantar. aqui el pasaje :

Las coplas de este cantar, aqufs, van acabando El Criador nos vala , con todos los sos santos. En Valencia seye Mió Cid con todos sas vasallos

Con el amos sus yernos los infantes de Carrion

V. 2286.

En otro pasaje dice :

Aqof s'empieza la gesta de Mió Cid el de Bibar

V. lOW.

La Crónica rimada está formada de canta- res, romances y Tablas que probablemente pertenecen á diversos tiempos y autores.

La Vida de Santa María Egipciaca y la Ado- ración de tos Santos Reyes son igualmente dos cantares de juglares, como creo haber de- mostrado en un articulo que publiqué en la Revista de Madrid de junio de 1843.

* Confundiendo los tiempos primeros de la juglaría con los posteriores, se cree gene- ralmente que e\ juglar era solamente músico y recitante, y no compositor; pero hay mil pruebas de lo contrario. El autor de los ver- sos en loor de Berceo, llama ciertamente á este alguna vez trovador :

Qaiero fer una prosa qae noble gest encierra Don trovador famado de Rioia la tierra. (Copla 1.)

Pero otras le Wzmsí juglar en el mismo sen- tido de compositor (copla 25) : De la Virgo María ovo muy gran taliento De seer so juglar y trovar por rima é cuento Los sus duelos é loores, que foron mas de ciento.

Igual signiGcacion da el mismo antiguo poeta á la voz juglar en otros pasajes (co- plas 39 y 40) :

Los ioglares cristianos que para fer sus prosas Demandan el acorro á deidades mintrosas... etc. Estos malos ioglares facen á Dios gran tuerto Van porcamin errado, errado que non cierto...

El mismo Berceo se llamaba á si propio ju- glar, como en el siguiente pasaje de la Vida de Santo Domingo (coplas 775 y siguientes) : Quierote por mi misme padre merced clamar, Ca ove gran taliento de ser to ioglar... Padre entre los otros á mi non desampares Ca dicen que bien sueles pensar de tus ioglares.

El autor del Poema de Alejandro comienza su obra diciendo que sus versos no son de joglaria, sino versos de clerecía y es decir, de personas cultas y eruditas, pues entonces clérigo y clerecía tenian esta significación, como se ve en el pasaje en que Tarsiana dice á su padre Apolonio (copla 610) : Bien as ü esto respondido

xvm DE LA poesía LASTKLLAN*

gun instrumento , y reunían en si los dos talentos y profesiones de mtisioo y de poela. Un juglar sabía las historias de Bernardo del Carpió, de los Siete Infantes de Lara, del Cid y de Fernán González ' , y no le eran desconocidos tampoco los béroes supuestos de la caballería que comenzaban t ocupar la imaginación de los pueblos del mediodía de Europa con los lances portentosos de sus armas , y con sus galanterías y ternezas '.

Cuando eariquecido con estas historias y narraciones llegaba el juglar á un castillo y llamaba á sus puertas tocando su laúd , una nueva vida parecía de repente animar á los habitantes de aquellos solitarios torreones. El castellano y su famiha, sin distinción de sexos , clases y edades , se reunían al rededor del cantor que iba á exaltar en ellos los afectos y sentimientos que más los domi- naban , y á interrumpir la monotonía de su vida uniforme y solitaria. La lle- gada del juglar era una verdadera fiesta de familia, y todos se esmeraban en festejarle y en favorecerle , y en pedirle que cantase ó recitase las historias que más se conformaban con sus inclinaciones *.

La guerra, el amor y las empresas de caballería eran por lo común el asunto

ParttM bien qut erís cIMfo ealeailiila. Lo qae prueba que los i agía res bnc'aa (am- bieo Tersos, aunque no Isn eslimndos como loi de tos elirigot 6 eruditos.

Por último la Rgqüetla de Giraud RiquUr al rey D. Alfonso el Sabio, sohre los truhanes que Qsurpaban el nombre áejug¡ar i los poe- tas j compositores, acaba de poner eo claro cate pnnlo. üe esta Regüetla hablo detenida- mente mis adelante. Eotre los proveníales sucedía lo mismo que en Castilla: macbos teslintunios pndiera citar para comprobarEo ; pero me ceñiré al que trac Tirabosclil (Steria delta ¡et. ilal., L ir. p. 383), tomado de ana anDgnl colección de poesías proveníalos. En este códice, hablándose del Maestro Ferrari, se dice, según la traducción de .Vurolori.que

fn de Ferrara e fu Giullare e s' iniendevn

meglio de trabare chealcun uomocbefosse >mai ii) Lombardis : é sapea molto ben let-

lere e nello scribere persona non havea

ch'jl pareggiasse. Córlese uomo fu di sna

persona... E cuando occorrebba che i Mar-

chesi (de EsleJ faccessero fesia e corte vi iconcorreano i fíiiillari che s' ínlendeano

deila lingua Proveníale e nndav.ino tullía

lui e il chiamavano lor Maestro... Non fecce

pero mai , che due canzoni , mn ile serveu-

le«i é coble ue coropose assai e delle mi-

' Véanse los pasajes de la Crónica general citadas en la nota 3 de la pag. uv.

* Sin tratar de examinar ahora el origen de las fábulas caballerescas, que tan en boga estuvieron ea Europa en los siglas medios, j sin dar más valor del que se merezcan i las aserciones de M, Villemarqué (Uentn pop. det ane Bretoni. Orííiiie det Epopée* ekevatt- resquet de la Table Rmile) j i los demás que suponen haber tenido principio en la ilretaña Grande y en la Armórica, donde aseguran eran ya conocidas en el siglo vi y siguientes ; lo que no puede dudarse es que 6 los libroi detabaUerla precedieron los poemas y nar- raciones en verso que cantaban los juglares, yqne sobre estas Tablas y cantares populares se formaron después tas historias en prosa de los héroes de la andante cnbiilterla. Asi se explica el que en muchos pasajes det Can- eionero de Baena se aluda i los héroes caba- I te re seos encamposiciunesevldenlemectean- teriores á los libras en prosa que después se escribieron.

' Véase en la Hitloire ¡Uríraire det Trou- badmtn de Hitlol , t. nt , p, 989, la descripción de la llegada de un juglar al castillo de Hugo de Hataptana , caballero catalán y trobador, que asistió i la conquista de las Bateares (1^9), contada por el trovador Hamon Vidal deUi'sanduu.

EH LOS SIGLOS XIV Y XY. XIX

de sus cantos y de sus fablas : & veces contaban también las historias y lances recientes que máis excitaban la pública curiosidad» y principiaban de esta ma- cera las narraciones sobre las ciAiles más adelante se habia de escribir la cró- nica y la historia '.

En los palacios de los reyes eran igualmente bien recibidos. Y en ia corte de Castilla , tan célebre y nombrada en aquellos tiempos , obtenían un gran favor y consideración : después fueron ya los j uglares un adorno necesario y cons- tante de los palacios de los reyes y señores principales *.

Pero el verdadero teatro de los juglares, donde eran recibidos con entusias- mo y aplauso , y donde ellos mismos recibían inspiraciones y aliento , eran las reuniones populares. La multitud se extasiaba con sus cantos, fablas y roman- ces; los aprendía y recitaba á su manera, les daba asi popularidad y aplauso, y fomentaba , sin sospecharlo , uno de los ramos más importantes de nuestra poesía nacional , la poesía de los romances. No puedo resistir al deseo de re- producir aqui una prueba insigne de este entusiasmo popular por los juglares, sacada del poema ó Libro de Apolonio.

La hija de este principe , la interesante Tarsiana , se ve precisada por una larga serie de desgracias á hacerse juglaresa para ganar la vida y sustentar su honra; y el poeta, que seguramente no hace más que describir lo que veía to- dos los dias , pinta de este modo la primera salida de la linda juglaresa '.

Luego al otro día de biieiia madurgada

* t ÜD día ( dice el trovador Ramón Vidal , cHado) el rey Alfonso de Castilla (el Noble ó de las Navas , que murió en i214 ) , en cuya casa reinaban la buena y regalada vida, la maicniOcencia, la lealtad , el valor, la destreza j el manejo de las armas y caballos , tenia en su palacio una numerosa reunión de caballe- ros y juglares. Cuando la corte estaba ya com- pleta , llegó la reina Leonor, cubierto el ros- tro con un velo , saludó ai Rey, y se fué á sen- tar ü alguna distancia de él. En este momento nn juglar se acercó silenciosamente al monar ca« y le dijo : «Rey, emperador del valor. Tengo á suplicaros me concedáis audiencia.» Ei Rey prohibió, pena de la su merced, que se interrumpiese al juglar en la narración que iba á hacer. El juglar venia de su pais k coDiar una aventura que habia sucedido á un barón de Aragón conocido del Rey : á Alfonso de Barbastro. «Héaquí, dijo el juglar, la des- gracia en que le han precipitado sus celos.» £1 juglar cuenta entonces la desgracia del

barón aragonés , y el Rey le dice : c Juglar, tus fablas son agradables y hermosas, y se- rás bien recompensado ; mas para hacerte ver cuánto me han complacido, yo quiero que en lo sucesivo se llamen en mi corte El eeloto castigado, «Cuando el Rey hubo hablado asi, no hubo en toda su corte barón, caballero, doncel, doncella, ni persona alguna que no se manifestase encantada y satisfecha de tales fablas, y que elogiándolas en alta voz, no manifestase deseos de aprender de memoria El celoso castigado.9 (Millot, t. iii, p. 296.)

t Estaba Don Carnal ricamente asentado A mesa macho farta en an rico estrado Delante sus Juglares eotno «me honrado, {Obras del Arcipreste de Hita, cop i 009.)

c Los nobles, dice Giraud Riquier, en su Re- qOesta (Millot, t. lu, p. 357), quisieron en- tonces tener juglares t como los tienen hoy todavia los mas grandes señores.»

Libro de Apolonio, copla 4Í6. Tarsiana se reputaba ella misma , aunque con repugnan-

DE LA POESlA (

Levaiilúsela iluenva ricamente adobtida; Priso nna viola buena é bien tempruda,

£$Hlli(iahnercai)oá violar [loryldada.

Comenió unos «¡esos é unos sons (ales Que Irayeii {{niii dulzor, é eran nalrirales : Flnchiense de hoiiies apriesa lo'; poi'laips , Non les cabíe en las |ila»iK subíanse á los poyales

Cuando con su viola hubo bien solazado A savordelos pueblos, hubo lütazcanladü. Tornóles á rezar un romance bJuu rimado , De la sil razón misma por lio liabia pasado.

Fizo hien A los pneblus su l^zon enLemler ; Mas valle de cieut marcos ese día el loguer...

Todo esto sucedía en lus prjmeros tiemjiüs, en loa principios de la juglaría, cuando solo los juglares componían versos eu el lenguaje vulgar , cuando los eruditos y gente instruida no habiaii abandonado todavía el latin. Pero cuando tas personas de esta clase comenzaron 'd escribir en el romance castellano , sus composiciones tuvieron necesariamente más aceptación que las de los jugla- res , y estos comenzaron á recitar y & cantar lo que otros escribían ; de aquí nació naturalmente la distinción entre el trovador y el juglar. Trovador era el que hallaba, el que inventaba, el que componía los versos, juglar era el que los cantaba y recitaba por salario '. El juglar comenzó entonces á ser me- nos considerado, y haciendo grandes esfuerzos el trovador por no tener nada de común con él , aumentó más este desprecio , y llegií á mirarse e! oficio y profesión de juglar cuino abatido . y aun infame , liasta por las mismas leyes civiles *.

El juglar desde entonces fué casi exclusivamente el poeta del vulgo : para él componía sus romances ú cantaba los que otros componían : solo aspiró d agradar al pueblo , & componer según sus gustos é inspiraciones, y fijú de esta

ia , ¡uglartta; asi dice it

Pur mlsolii uun li^Dggs que CKS goalado.

Qui uonsan/iifhímu At las de \iaea mercada

Nia lo t tior nalar), mas lagolo sin grada.

El trovador Sordel , en una sátira diri- {tida. ii lo qae parece, contra Pedro Vidal, otro trovador prnvenzal, dice : < Sin razón tne da el aombri.-de>ufffiif : este nombre mas le A él, que marclia detrás de otros. Ja que JO voj delante. El recibe siem- pre ,;nodajamasnada:n)Íentrasi[ue jodut

V no recibo. El se entrega al primero que quiere pagarle, j yo no lomo jamas nada que pueda aTergoniarme. Yo vivo de mis rentas, y no quiero recibir nada de nadie.» Millol, t. r[. p.se. * Otrosí (son enfamndos) los que son ju-

glarct que publicamente andan por el

pueblo, ú canUn , ú iácen íneeos por precio. L, 4, tit. 0. Part. 7.— La ley 3, tit. i. Parti- da i, impone la niiNna ñola de infamia á las iughiri-sai.

EN LOS SIGLOS XIV Y XV. XXC

manera la Índole de la poesía popular entre nosotros, y la linea divisoria que la separaba profundamente de la artística y cortesana.

Contribuyó más que nada & la decadencia de la juglaría la conducta de los mismos juglares : por agradar al vulgo y arrancar de él su salario , apelaron á todos los medios , y se hicieron pedigüeños , insolentes y bufones *, y el nom- bre de juglar llegó á ser un nombre de desprecio y el sinónimo de bufón ó de albardan *. Cesaron entonces los juglares, y los heredaron por una sucesión no interrumpida los ciegos', que en nuestra edad son los cantores populares, y los sostenedores de un género de literatura ínfimo y vulgar, tan despreciado hoy de las personas instruidas, como lo fueron en su tiempo las composiciones y romances de los juglares^

Pero mientras asi se desarrollaba la poesía popular, contribuyendo á ello en la forma que acabamos de exponer los juglares, se habia consumado una grande innovación. La lengua vulgar, creciendo y extendiéndose cadadia más, y partiendo en sus primeros principios de las clases últimas de la sociedad, in- vadió los palacios y las cortes ,*y se impuso como una necesidad á los mismos gobiernos.

La lengua latina habia decaído completamente, no solo por ignorancia, co- mo generalmente se supone, sino porque no se prestaba ala claridad, ala exactitud , á la índole general, en fin, que á la expresión de sus sentimientos é ideas necesitaba dar la nueva sociedad europea que se habia ido lentamente

* El trovador Pedro de la Mola (Mülot, de usurpar su salario á las personas de mé-

1 1, p. 129) se queja en una de sus composl* rilo, que se esfuerzan en desacreditar. Es

cienes, de que una infinidad de gentes sin ta- una infamia que gentes semejantes preva-

lento se metan á juglares. tNo quiero, dice, lezcan sobre los buenos juglares , y que se

componer ya mas para los juglares; cuanto envilezca de este modo á la juglaría...»

más se les sirve , menos se gana en ello. Se ' ^ cE á truhanes ¿juglares é albardanes en

han multiplicado como los conejos , y van por sus tiempos é logares convinientes (debe el

las calles de dos en dos, gritando : Dadmej rey) facer alguna gracia ó merced.» Libro de

dadme alguna cosa, que soy Juglar, éin¡\iriaíB' la Nobleza é lealtad presentado al Rey don

do á los que no les dan nada. Yo no , ex- Fernando el santo de Castiella por los doce

clama , cómo estas gentes pueden todavía ser sabios. (Memorias de San Fernando , p. i05.)

admitidas en lascortes.»— «La juglaría (dice s A esto alude ya el Ropero en su sátir4

(iiraud Riquier, en su tantas veces citada contra Juan Poeta, en que motejándole de no

Heqütsla (Millot, t. in, p. 557), ha sido ins- tener invención y de ser repetidor [sermona-

lituida por hombres de talento y de saber rio) de las obras ajenas,, dice que signe en

para poner á los buenos en el camino de la esto el arte de los ciegos juglares :

alegría y del honor... Tal fue la juglaría su oe arte de ciego juglar

origen...; pero desde hace bastante tiempo. Que caou viejas fazafias

las cosas han cambiado mucho. Se ha levan- Que con un solo canur

tado una raza de gentes sin talento y sin sa- Cato todas las Espafias. {Obr. MS.)

ber , que ha tomado el estado de cantor, de El Arcipreste de Hita nos dice que compu-

yfiedor de instrumentos y de trovador, á fin nía cantares de tos que dicen los ciegos.

IXII DE LA POESÍA CASTELLANA

formando. La lengua latina era sin duda más bella, más enérgica, más poética que las lenguas vulgares , pero estas eran á su vez más claras , más exactas y precisas , y más acomodadas al espíritu moderno que las habia dado origen . Dominó pues la lengua vulgar castellana en la soeiedad y en el gobierno ; y en los últimos años del reinado de S. Fernando, y en los primeros del de su hijo D. Alfonso el Sabio, se abandonó completamente el latin hasta para los instru- mentos públicos y disposiciones de la autoridad. Todo se escribió desde enton- ces en el romance vulgar : los códigos legales , la historia , la astronomía , las ciencias morales y los mismos libros sagrados hablaron la lengua castellana. La poesía abandonó también completamente el latin , y los eruditos y los sar- bios comenzaron á escribir en castellano sus poemas ; pero al hacerlo, conser- varon todavía , en cuanto pudieron , si no las voces , las ideas y las razones de las composiciones latinas * que les servían de ejemplo y de modelo, y pugna- ron por no asemejarse á los juglares, ni confundirse con ellos en los asuntos» en el giro de las ideas y en el lenguaje.

Asi el autor del Poema de Alejandro , al ení^ezar su narración , tiene buen cuidado de decirnos que su obra no es como las de los juglares , sino como las de los eruditos y sabios, y hecha por reglas ciertas y constantes de versifi- cación.

Mester trago fremoso non es de ioglaria , Mester es sen pecido es de cUreda. Fablar curso rimado per la quaderna via. A silabas cuntadas , es gran maestría ^

Habia pues dos especies de poesía : la popular, hija legitima y verdadera ex-

* DoD Gontalo el Caboso preste, noble é diño

Piío destos deiudos en romanx paladino Tirando las raioies del lenguaje latino.

{.Loor de Bereeo^ cop. 34.)

* Todo induce á creer que los primeros Tersos castellanos» y los que después conti- noaron componiendo los juglares , no teníau por la mayor parte medida flja, ni número de silabas determinado. El asonante ó conso- nante al Onal de cada dos versos ó renglones constituía lo principal de su armonía : el resto consistía en cierta medida imperfecta que solía tener cada verso de por si, ya por la disposición más 6 menos conveniente de las silabas , ya por la cesura que solía dividir los versos. Con el tiempo sucedieron 9os cosas : que los poetas eruditos introdujeron la me- dida fija en la poesía , y que los compositores

populares perfeccionaron sus metros, ponien- do poco á poco la cesnra en el medio de los versos largos de diez y seis sílabas , de lo que resultó el romance. Estas aserciones están probadas, en primer lugar, por los versos del Poema del Cid , los de la Crónica rimada , los de Santa María Egipcíaca y los de la Adora- ción de los santos Beyes, que no tienen si- labas determinadas ni medida Qja , aunque si el ^sonante ó consonante al final ; en segundo logar, por los testimonios que de esto nos suministran los documentos antiguos. En el pasaje del Poema de Alejandro que queda co- piado, se dice expresamente que el metter fremoso que el poeta trae no es de yoglaría, sino de clerecía , que consiste en fablar curso rimado á tilaba$ cuntadas, lo que dice ser gran maestría. Luego los juglares no rompo-

I

I

CN LOS SiüLOS XI? t XV. XXUI

presión dei pueblo y de sus cantores y juglares ; y la erudita , obra de las per- sunas sabias i instruidas, y de lüs cabalierus y señores que se entregaroo coD un afán sin igual á la ciencia poética, ó. como entúnces se decía, & la Gaya eitncia.

Estos dos géneros de poesía acaso en un principio no estuvieron tan sepa- rados y divorciados entre $1. Cuando el juglar era todavía el compositor, y cuando sus cantos y narraciones eran escuchados, igualmente en las cortes y palacios que en las plazas y en las calles, debió ser poco sensible la diferen- cia. Después se hizo decisiva y profunda, basta tal punto, que !a poesía popu- lar no era apenas contada como poesía , y era altamente desdeñada y des- prsciada por los trovadores y poetas. M el marqués de Villena ni el de Santi- Uana hacen el menor mérito ds los poetas populares en las obras ' en que h&bbu) de la poesía, aun tomando su bistoría, como el de Santillana. desde los hebreos, y mencionando á los proveníales, italianos, lemosines, gallegnsy por- tugueses; y si aluden á ella alguna vez. es para manifestar el profundo despre- cio en que la tenían, lo mismo que á los que de ella se ocupaban ó con ella se complacían.» ínfimos (dice el marqué-s de Santillana . hablando de los tres géneros de poesía y de poetas) «son aquellos que sin ningunt orden regla ni Bcuento, facen estos romances é cantares de que la gente baja é de servil con- «dicionse alegra.»

Los mismos trovadores y poetas, que frecuentemente componian versos para «] pueblo y sus cantores, hacían tan poi:o caso de estas composiciones suyas , que nunca las incluían en los Caucioneros ó colecciones que hacían de sus obras. Villasandiuo, por ejemplo, del cual se conservan composiciones que

niani lílúbm eualadat, sino sia conurlnsó sin lenerlns Ojiíi,— El funlat de gesta en loor de Berceo dtce, habbodo de este poeta, i qn<eitU«inn juglar anas veces; tratador otras, teít\ clara de que lodavÉa [a direrencía no era Un Brande como desfiues (aé .

9t la Vliien Harl» aii> wtf (na taUtato

Déte

wjaglit

ElmarqnésdeSaDiRUnadiceerpresamente qu« Im poetas populares é iuGmos bacian 'Sin tdngitnl orden , regla ni taento estos román- GH é CRnt»es, de qne la gente ba]a é dr ser- vil condición te alegra.! VOnalmente Juan del Encitia , explicando en su Arte de pettia eat- ItÜana b direrencia que ba; entre poeta j bmndor. dice ; que el poeta contempla en loa gtneros de los versos . e de coanios pies consta cada versa. j> el pie de cuantas silabas.!

—Y aüade : liOh! cuantos vemos en nuestra Kspatla estar en reputación de trovadores, c|Be non fe les da mas ecbar una slllaba e dos deinasiadaR, que de meaos; ni se mi- ran que sea bueu consunaiile que malo. E pues se ponen » hacer en metro . deben mi- rar e saber que metro no quiere decir oír* cosa que mcsun : de manera que lo que no I le va cierta mesura e medida no debemos de- cir que va en metro; ni ei que lo hace debe gnxar del nombre de poeta, ni aun de trova- dor ■...—Cap. S,

' Arle de Irmiar A ie la gaya eieneia . por D. Enrique de Villena , en los Oríginei de te Ungua Eip. deMajans, 1- ii,p. S3Í.— Proe- mio al Condenable de Portugal tohre b poe- sía vulgar, por el marquáü de Sanllllana, en la Caleceion de poetiat anlerioreí al tiglo f,

KXIV DE LA POEStA CASTELLANA

nunca debieron haberse escrito, confiesa que ha compuesto versos para los ja- glares S pero ni una sola de estas canciones se encuentra entre sus obras; y el Arcipreste de Hita no incluyó entre las suyas, tan variadas, tan libres y tan- tas , ninguno de los muchos cantares ó romances que afirma haber compuesto para los ciegos y otros cantores populares'. ¿Qué más? Al mismo tiempo que sabemos el nombre del autor de la más insignificante canción , villancico, 6 decir, escritos á lo cortesano, se ignora completamente y casi siempre, quié- nes fueron los autores de todos nuestros romances viejos, aun de aqueUos lle- nos de más poesía é interés, y que más celebridad y aplauso han alcanzado.

Esto explica en parte por qué no se halla apenas un solo romance en ninguna de las muG^simas colecciones de poesias manuscritas anteriores al siglo xvi que se conservan en nuestras bibUotecas y archivos, y que con todo esmero y cuidado se han registrado con este objeto. Es este un fenómeno literario sor- prendente. Casi en todas las naciones se están descubriendo diariamente códi- ces de su antigua poesía popular, narrativa y tradicional ; y entre nosotros, tan ricos y abundantes en este género, nada se halla, ni aparece escrito antes del siglo XVI, como no sea el Poema y la Crónica rimada del Cid, la Vida de San- ta María Egipciaca, y La Adoración de los Santos Reyes, que pertenecen al siglo xn, y que aun puede disputarse si son de la clase de poesia popular de que voy hablando.

Después de estos primeros ensayos de la poesia narrativa y popular, tan rica, tan espontánea y tan nacional , la perdemos de vista enteramente para verla aparecer después con toda su gala y ostentación.

Los romances aparecen, en efecto, como llovidos en el siglo xvi; los trova- dores y poetas sintieron por fin la belleza de esta rica mina de invención y de vena popular, y la beneficiaron á su manera, puUendo y reformando los anti- guos romances, llamados ya viejos en el siglo xv y xvi : entonces se comenzó á darles estimación y á recogerlos en colecciones ó Romanceros , escribiéndolos quizá por la primera vez.

La otra poesia, la poesía de las clases elevadas, era, por decirlo asi, el reverso de la medalla : más culta, más erudita, y fruto de mayor meditación y estudio, se acomodó también más al giro general de las ideas en Europa, y á su cons- tante progreso y desarrollo. Fué por lo mismo menos local, menos nacional que la popular ; imitaba á su manera los antiguos modelos clásicos y rehgio-

< Maguer por ventura para los jugladores Et para escolares que andan nocherniegos

Yo Ose estribotes trovando ladino. E para otros muchos por puertas andariegos

{Canc. de Baena , p. 611.) Cazurros et de burlas, non cabrían en diez priegos.

< Cantares flt algunos de los que disen los ciegos

(P. 145.)

EN LOS SIGLOS XIV Y XV. XXV

SOS, y cuando tuvo noticia de los lemosines é italianos , se aprovechó de sus inspiraciones y adoptó muchas de sus form^, aunque sometiéndolo siempre todo, y en mayor ó menor grado, & la Índole especial del genio castellano.

La poesía popular era esencialmente narrativa é histórica , carácter que la distinguió desde un principio y siguió distinguiéndola en lo sucesivo : se sos- tenia como sucede casi siempre en este género de composiciones hechas para el pueblo, por el interés de narración , más que por el esmero y perfec- cion de las formas y lo^ esfuerzos del ingenio. La que llamamos erudita, al contrario : aunque al principio%compuso también poemas históricos como el de Alejandro y el de Apolonio, abandonó bien pronto este género á los cantores populares, y ^ ociipó de otros asuntos en que brillaba más el talento y el sa- ber. Llegó esta diferencia en los asuntos & ser uno de los mayores distintivos de las dos poesías. La una épica, narrativa; la otra, lírica, óonceptista y filosó- fica : la primera, narrando con rústica sencillez y ñn grandes aspiraciones los hechos que más interesaban al pueblo ; la segunda, discurriendo siempre y ha- ciendo alarde de erudición y de ingenio.

Estas diferencias se extendieron basta el género (le metros en que respecti- vamente componían unos y otros poeías! Los juglares y cantores populares adoptaron casi exclusivamente el verso fácil y sencillo de ocho silabas, asonan- tado, que se alzó en lo sucesivo con la denominación de romance, común antes á todo género de composiciones en lengua vulgar. Los trovadores y poetas cul- tivaron casi todos los demás metros que hoy conocemos , con la sola y casi constante excepción del romance que, como hemos dicho, no se encuentra casi nunca escrito antes del siglo xvi.

I}o se crea, sin embargo, que esta especie de metro se conocia desde muy antiguo : todo induce á creer, por el contrario, que el romance octosílabo fué la primera forma métrica casteHana, aunque tal vez se escribía siempre ó casi siempre en lineas ó versos de diez y seis silabas, con el asonante ó consonante al final. Asi encontramos ya este metro en el Poema del Cid ', en la Crónica r i-

* Eo el Poema del Cid^ aunque con las 4>or mió Cid el Campeador *

imperfeccionea de los primeros ensayos , se 0"^ ^^^^ ^^ ^^^^ ^ ^*^ * ^*^- (^- ^^-^

descubre muchas veces la versificación que ^/ *^ ^"^ ™*° ^***

prevaleció más adelante en esta clase de com- Ooc nnnqaa mas nin tanto

. . . , .. . ^'3 de lo que mas amaba

posiciones ; y muchos trozos de él están es- y, ^,„ie el mandado.

critos en el verso asonanlado de los román- Docientos caballeros

ees. aqui algunos de estos pasajes : Mandó exir privado

Tu eres Rey de los Reyes Que reciban i Mínaya

E de todo el mando padre , E á las dueñas 4ja« dalgo :

A U adoro é creo El sedie en Valencia

De toda voluntad. Curiando é guardando

E mego á San Peydro Ga bien sabie que Alvar Fañez

Que me ayude á rogar Traye todo rerabdo. ( V. 1S70.)

, «

XXVI DE U POESÍA CASTELLANA

moda \ en el libro del Arcipreste de Hita*, en los versos de López de Ayala'. y aun en obras impresas en el si^lo xvi ^ Verdad es que también se encuentra algunas veces en forma de versos cortos, como en las cantigas de D. Alfonso el Sabio' y en algunos otros monumentos antiguos. Pero volviendo & la poesía de las clases ilustradas, de que principalmente va-

< La Crónica rimada del Cid es casi toda un romance de ocho silabas imperfecto, y sin grande esfuerzo se pudiera escribir una gran parte de ella en esta forma , con muy peqae- fias variaciones. Véase para prueba de lo que decimos el siguleilte romance , sacado á la letra del pas«]e relatl? o á la aparición de San Láiaro al Cid en figura de un gafo ó leproso :

A los caminos entró Rodrigo Con treseienlos lUotdalgo Al vado de Caseajar

A do Duero fné apartado. Fuerte día fasla de trio A la posiesta de Uaffo. En llegando ft la orilla (del vado) Estaba vn pecador (de) malato A todos pidiendo piedad Que le pasasen el vado. Los caballeros (todos) escopian E Ibanse del arre(U«ndo ; Rodrigo OTO del dado * E tomólo por la mano : So nn capa (verde) agnadera Pasólo por el vado , En un mulo andador Que sv padre le habla dado : E faese.para Grejalba Do es Gerrato llamado. So anas piedras eabadas' Qoe era todo el poblado , So la capa verde (aguadera) alvergó El castellano al malato. E en siendo dormido A la oreja le habló el gafo : Dormides , Rodrigo de Vivar, Tiempo has de ser acordado , Mensagero so de Cbristus Que non soy non malato , Sant Liiaro é f tf Me ovo Dios enviado.

Que te un resollo (en las espaldas) Que en calentura seas tomado (Que) cuando esta calentura ovieros , Que te sea bien membrado , Cuantas cosas comensares Arrematarías con tu mano. DIdI un resollo en las espaldas Que á los pechos le ha pasado. Rodrigo despertó E fue mal espantado, Cató en derredor de

(E) non pudo fallar el gafo. Meiftbrole de aquel sueflo , E cabalgó ony privado Fuese para Calahorra De dia y de noche andando.

iRom. de Dturm , t u, p. 657.)

* Las obras del Arcipreste de Hita abun- dan en esta clase de versos llevados ya á gran perfección. La copla 027, por ejemplo, y las siguientes , se pueden escribir asi :

¡ Ay Dios ! quan fermosa viene Dofia Endrina por la plata ! Que t%lie que donaire Qué alto cuello de Gana ! Que cabellos, que boquilla

Que color, que buenandanza ! Con saetas de amor tere Cuando ios sus ojos alza, etc.

' Véanse los Verutet de Sanio Amhroeio en el Cancionero de Baena , p. 5S5.

Dedrte he ana eosa De que tengo grande espanto , Los Juicios de Dios alto Qilen podría saber Uinlo, Quien cuidamos que va mal Después nos paresce santo , ele

Es muy notable para mi propósito, que Aya- la llame á estos metros Venetes de antiguo rimar, y que los califique de rudos, p. 554.

* Por ejemplo, en el Cancionero de Fray Ambrosio Montesino, impreso en i527, hay al- gunos romances escritos en versos de dfez y seis silabas, como el siguiente, nüm. 1901 del Romancero de Duran :

Hablando estaba la Reina | en cosas bien de notar. Con la Infanta de Castilla i princesa de Portugal

Jacobo Grim imprimió en esta forma todos los romances de su Silva de romanes viejos, que dió á luz en Viena de Austria en 1815.

> Véase la cantiga copiada en las Memo- rias de San Fernando, p. 7 :

Este menin en Gástela Con Rey D. Alfonso era Sen avoo, que do reino De Galicia o fecera Venir, ca ó amaba A gran mavilla fiera , etr.

EN LOS SIGLOS XIV Y XV. XXVll

mes á ocuparnos, es un he<^o consta&te que estas clases sintieron á su manera, f muy desde el principio, el instinto y la necesidad de trovar que agitaba & los cantores populares y al vulgo que los animaba y aplaudía. Algipos de nuestros escritores han llamado ya la atención sobre lo elevado de las clases que en es- tos primeros tiempos de nuestra poesía vulgar se dedicaban con ardor al cultivo de la gaya ciencia ; pocos sin embargo han tratado de indagar las causas de un fenómeno que con más ó minos amphtud se reprodujo en los diversos es- tados del m^diodia de Europa. Los reyes, los grandes señores, los principales caballeros empleados en gobernar y en defender el Estado, compartían el tiempo entre aquellas áerias y graves ocupaciones, y la más dulce y agradable de componer versos y canciones. Lo mismo sucejlia esto en Provenza, que en Navarra y Aragón ; en Italia y Portugal, que en Cataluña y CastíUa. ^Bien co- nocido es generalmente, que la mayor parte de los trovadores proveníales y catalanes, cuyas obras tanto han ocupado en estos ültímos tiempos á los his- toriadores y literatos, eran principes y caballeros de la primer^ jerarquía. En Aragón y Portugal se cuentan varios reyes entre los poetas de estos tiempos ' ; y el de Navarra, Teobaldo, es mas célebre por esta drcunstancia que por su elevada posición y sus guerras y aventuras. Las cortes de los reyes estaban, por decirlo asi, animadas de un espíritu poético, y lo mismo las de los gran- des señores y caballeros que m grado inferior ostentaban los mismos gustos, y afectaban las mismas costumbres y maneras.

¿Era esto efecto de una moda ó de un capricho pasajero? No puedo persua- dírmelo. En mi opinión, nacía esto de una causa más honda y permanente, y más enlazada con el modo de existir de aquella sociedad. Las aristocracias de la edad media, el clero y la nobleza, eran las deposítarias de todo el saber, de toda la elevación, de todo d vigor y fuerza que aquella edad poseía : estaban al frente de los pueblos en una época de lucha y de revueltas; y para mantenerse en su posición necesitaban hacerse dignas de ella, y ser mejores, en toda la extensión de la palabra, que los demás, lo mismo en las artes de la paz que en las de la guerra^ El valor y el saber elevaban & los primeros puestos á los hombres dis- tinguidos, y la falta de estas cualidades abatia á los más encumbrados. Rodri- go YiUandrando subia desde la condición más inferior á ser duque de Rivadeo, y á merecer nunca vistos honores, al mismo tiempo que otros, nacidos y- edu- cados en las primeras jerarquías , desaparecían entre la oscura multitud por falta

* En Aragón metrificaron los reyes Alfon- miger ; y en Portugal los reyes D. Dionis, don

so II, Pedro 111 y Pedro IV , y los príncipes Pedro I , y creo qne D. Doarte , ademas de

D. Fadrlql|^ , rey de Sicilia ; Ramón Beren- los principes conde de Barcelos y el infante

guel , V conde de Protenza , y la condesa sn D. Pedro.

•XXVlll DE LA l»OESÍA CASTELLANA

de loa dotes propios para sostenerse en medio de las revueltas de los tiempos. Era una lucha en que se peleaba con todo género de superioridades; y la aris- tocracia nobiliaria, por no hablar de la eclesiástica, era la primera en las li- des, en los consejos de los reyes, en las cortes, en las ciencias^civiles, y en las fiestas, justas y torneos que tanto ocupaban la imaginación de aquella socie- dad caballeresca y guerrera. La clase media, que se iba lentamente formando en las ciudades y en las villas, aun no aspiraba en general & obrar por cuenta propia y á. volar con sus mismas alas : este pensamiento es de época muy pos- terior. Entonces los hombres que sobresalían, ya en armas, ya en letras, y as- piraban & salir de la esfera común, se acogían & estas superioridades arístocrár ticas, buscando auxilio y protección. Los nobles por su propio interés acogían en sus huestes á los valientes, y en sus palacios y estados á. los hombres emi- nentes en saber. De asta manera adquirían ellos mismos fuerza y considera- ción, y aumentaban su larga clientela.

La poesía era entonces, como en todos tiempos , ó más todavía que en los demás tiempos, una de las manifestaciones mas brillantes del saber : en aquella edad caballeresca y galante, era ademas un adorno indispensable para» distin- guirse en las cortes y bríllar entre las damas. Por una y otra razón debia de ser naturahnente el arte de trovar uqa cualidad muy necesaría en lo que entonces se llamaba un caballero , es decir, en la personificación del valor, del pundo- nor, de la galantería y de la discreción, llevados al grado más eminente. Por eso vemos hacer versos muy desde los principios á nuestros más principales caballeros, y por eso los historiadores y cronistas tienen gran cuidado de de- cirnos que metrificaban altamente , y que hacian muy dulces decires y can- ciones.

Pero sea por estas causas ó por otras diferentes , ello es constante que la poesía oastellana, en el siglo xv y en los anteriores , residía principalmente en los palacios de los reyes y de los grandes señores ; no solo porque estos eran por la mayor parte ellos mismos poetas, sino porque. albergaban y favorecían á los trovadores de más inferior calidad. De Alfonso el Noble ó de las Navas, consta que recibia con grande agasajo en su corte á los trovadores y juglares que á ella concurrian llamados por sus liberalidades. Y San Fernando asignaba tierras y haciendas, en el repartimiento de Sevilla, á Nicolás de los Romances y Domingo Abad de los Romances *; protegía á los trovadores provenzales y cas- tellanos que frecuentaban su casa , y (cpagábase (oomo dice su hijo y sucesor )»D. Alfonso) de omes de corte que sabían bien de trovar et cantar, et de jo- i>glares que sopiesen bien tocar estruméntos. Ca de esto se pagaba él mucho,

< Orüz de Zúñiga, Anaies de SevUla, pp. i4, 00 y 815.

i.

EN L08 SIGLOS XIV Y XV. XXIX

»et entendia quien lo fáoia.bien et quien non '». Alfonso X; llajoaado el Sabio, fué el grande y celebrado protector de los trovadores que concurrían en tropel & sa carte espléndida y brillante» y él mismo metríflcaba altamente, como se ve por los restos de sus cantigas y poesías que han llegado hasta nosotros. Los de- mas reyes siguieron, según los tiempos y las circunstancias^ estos ejemplos, senadamente Alfonso el Onceno á quien se atribuye una crónica en verso ; Juan II, el grande protector y amigo de los trovadores y poetas que florecieron ' en su reinado, de quien se conservan todavía algunos versos y canciones* ; el infante de Antequera, después Fernando I de Aragón, que al irse & coronar & Zaragoza Uévó consigo & muchos trovadores y poetas castellanos , entre los cuales se contaban A famoso ViUasandino y el célebre D. Enrique de Villena ; y finalmente, su hijo D. Alonso V, el ensalzado y glorificado por los vates de aquella edad, que en su expedición á Ñapóles se hizo acompañar de tal muche- dumbre de poetas, que casi de sus solas composiciones se formó el Cancionero llamado impropiamente de Stuñiga, que se conserva manuscrito en la Biblio- teca Nacional'.

Con los grandes señores sucedía respectivamente lo mismo : la poesía caste- llana cuenta entre sus prímeros cultivadores & D. Juan Manuel, ai gran canci- ller Ayala, ft.D. Juan de ]& Cerda, al adelantado Pero González de Mendoza, y después & los Villenas, Santillanas, Guzmanes, Guevaras, finríquez. Lunas y Manriques , y otros mil que serla difuso notnbrar . Todos los grandes señorea y caballeros de esta época eran metrificadores , con más ó menos buen éxito ; -y á ]& larga lista de nombres ilustres que se hallan en nuestros cancioneros im- presos pudiera añadirse otra, no menos extensa, de los que aparecen en los ^cancioneros manuscritos que he tenido lugar de examinar ^.

Pero no se contentaban estos grandes señores con cultivar ellos de por si la gaya ciencia, sino que, siguiendo d ejemplo de los reyes que dejamos citados, eran al mismo tiempo los grandes protectores de los que en este género de sa. ber sobresalían. Yillasandino era el protegido de D. Alvaro de Luna y de otros grandes señores; Maclas era comensal de D. Enrique de Yillena; Rodriguez del

* Paleografía etp, de Terreros, p. 80. Memorias de San Fernando, p.'220.

* Hasta ahora solo se conocía nna caocion hecha por D. Joan U, impresa entre las obras de Juan de Mena : en el apéndice á este dis- corso se publicarán las qoe he descobierto en Tarios códices manuscritos.

' Gs on hermoso códice escrito en vitela, de 163 fojas en folio, de letra de mediados ó fines del siglo i?. Contiene 463 composicio-

*nes, de cuarenta y cinco poetas, todos de aquel sfglo , y easi tpdos de los que residie- ron en Ñapóles con Alfonso V y so hijo Fer- nando I. Dásele el nombre de Cancionero de Stúñiga , sin más razón que comenzar con coplas del caballero D. Lope de Stü&iga.

* Véanse, en prueba de ello, los Índices de los Cancioneros mauoscritos de la biblioteca de S. N., en el apéndice.

XXX OB LA poesía CASTELLANA

PádroD, dd cardenal de San Pedfo, Gomantes; Diego de Burgos, del marqués de Santillana; y «el magolfloo duque D. Fadrique , á quien plogó mucho esta » esoiencia» no solo fizo asaz gentiles canciones é decires , sino que tenia en su «casa grandes trovadores, especialmente & Femant Rodríguez Puerto Car- » rero , 6 Juan de Gayoso é Alonso Gayoso de Morana» ^

Para comprender bien la influencia de esta protección , necesitamos repre- sentamos q1 estado y modo de vivir de esta nobleza. Morando lo más del tiempo en la soledacK de sus castillos y palacios , situados por. lo común en aldeas ó poblaciones cortas , por distracción y solaz * tendrían que dedicarse al cul- tivo de las letras , aunque su influencia en el Estado , como clase gobernante, no lo exigiera. El marqués de Sipitillana en Guadalajara, Pérez de Guzman eo Batres, D. Enrique de Yillena en sus estados, y en los suyos el duque D. Far- drique, D. Juan Manuel, los Enriques y los Manriques, constituían al rededor de si otros tantos focos de ciencia y de saber. Alli se encontraban los libros más célebres en aquella edad , tan costosos y tan fuera del alcance de los no muy ricos '; alli se reunían, atraídos por las riquezas y el buen trato , los re- ligiosos doctos de las cercanías, las personas ilustradas, los poetas favorecidos, y, como hemos dicho-ya , hasta el vagabundo juglar que, con sus romances y cantares, venia á dar un dia de solaz á las damas y caballeros,, y á la larga clientela de los señores que habitaban estos castillos.

' La poesía por estas razones era , por decirlo asi , una dependencia aristo- crática, lo mismo que los donas ramos del saber, ó por mejor decir , en mu- cha mayor proporción que las demás ciencias. Los conventos y monasterios, las catedrales y las casas de los prelados, rivalizaban con las de los nobles en la

* Carta al condestable de Portugal : San- clm, 1. 1 ^ p. 48.

* Diego Fartado de Meodoia , almirante mayor de Castilla , y padre del marqoés de Santillana , comienza de esta manera una de SI» composiciones :

Paes no qaiero andar en corte NI lo tengo pordesteo, Qaiero fer an devaneo Con que aya algún deporte E qnalqoe eonsoltdon

(Cm6. MS,\

* D. Iñigo Lopes de Mendoia , coarto da- qae del Infantado , y nielo del marqués de 8aDtillana , en el prólogo de su Maatariai de emú MteMef (Goadalajara , 1S64), liablando k hijo de los señores de su casa, que se «Hendieron á juntar con ,el ejercicio de las

armas el estadio de las buenas letras , » le dice : fl La flima de todos se la llevó toda solo »ano qae fué el marqués D. Iñigo Lopes de » Mendoza fuestro agikelo,» que compaso va- rias obras, y añade : cque el amor á las letras » de sus pasados se muestra también por la » gran copia de libros curiosamente escrip- > tos que en esta casa dejaron, como apro- » piados y quasi vinculados al señor della : los «cuales en aquel tiempo, faltando esta nueva »y admirable invención de los moldes, no se 1 pudieron Juntar sin gran cuidado y no pe- » quena costa, especialmente las interpreta-, » dones ó traslaciones de muchas obras que

de una lengua en otra por su mandado se •traducían por varones señalados , á quien

largamente se remuneraba su traba^. »

ES LOS SIM.OS XIV Y XV. UXI

don y fomento ú» las ciencias graves y prorundas : e) Go¡y taber no po~ I día por su naturaleza hallar esta protección , y buscaba casi exclusíTameota la I de las cortes y palacios de los reyes y gandes señores.

Esta circunstancia influyó muy eflcazmenle en su Índole y carácter, tMto I respecto del ,rondo como de las formas. La poesta docta y cortesana debía as- I pirar á distinguirse de la popular que dependía de las clases inferiores del pue- I blo> y de su aceptación y aplausos, y debía afectar erudición é ingenio. Debía I abandonar los metros fáciles y sencillos de los cantores populares, y buscar otras combinaciones más artificiosas y elegantes, ú inventadas, ó tomadas de I los lemosines, italianos y portugueses. Uebla ser poco narrativa, por la razón, I entre otras , de que este era el car^ter dis6ntivo de la poesía vulgar, y debía ocuparse de a'^unlos graves . ademas de los comunes de amor y de devoción , y I aspirar & la política y á la tHosoUa. I'orque , ocupándose en hacer versos perso- L najes tan importantes como D. Juan Manuel, Pérez Ayala, D. Enrique de Vi- I llena, el marqués de Sautillana, D. Alvaro de Luna, Pérez deGuzman, Gomei I y Jorge Manrique , el duque de Medínasidonia, y otros no menos ilustres y pode- [ rosos proceres, era muy difícil que sus composiciones, con más ó menos buen I *xÍto, no aspirasen á ser intérpretes de los sentimientos políticos y filosóficos I que animaban á sus autores. Fruto de esta tendencia fueron en distintas formas I y tiempos el Conde Liicmor. del infante 1>. Juau Manuel; el Rimado de Pala- ' cío, de Pérez de Ayala; Bias contra Fortuna, tos Proverbios y otras compo- siciones del marqués de Santillana; las Coplas, de Gómez Manrique contra el gobierno de Toledo ; las celebradas de Jorge Manrique 4 la muerte de su pa- I dre, y otras muchas composiciones , que sería prolijo referir, en que sus auto- I res se levantaron hasta las consideraciones políticas y morales más elevadas, é r hicieron servir á la poesía i uno de sus fiues más importantes y graves.

Partía pues la poesía nacional de dos puntos diferentes y opuestos : de las más altas clases de la sociedad , la cortesana y erudita ; de las más infe- riores, la nativa y popular. Ocupábanse de la primera los más altos señores, y sus protegidos y dependientes; de ¡asegunda los juglares, los ciegos, y los que para ellos y el vulgo trabajaban. La poesía cortesana y erudita brillaba en las cortes y en los salones de los nobles; la popular, en las plazas y mercados de los pueblos , y en los cantos ambulantes ile los juglares y cantores populares. La primera desdeñaba á la otra en alto grado , y la popular reconocía sin difi- cultad su inferioridad , de tal manera que , cuando un juglar ó persona de ín- fima clase descollaba por su talento poético, al momento abandonaba los ro-- I manees y canciones populares , y componía en los metros y al estilo de la I poesía cortesana. Así lo vemos en Montero, en Juan Poeta, en maestre Juan

XIIH M LA PMSlA CAfTBLLAKA

el Trepador, en Jereoa, en Mondragon el mozo de espuela S en el misino YUlasandino, de quien nos ocuparemos después, y en todos los demás trota- dores de esta clase que, TÍTiendo á expensas de los grandes, trabajaban para ellos, y no para el pueUo de que formaban parte.

Para esta clase de troyadores soba ser la poesía hasta un medio de vivir, pa- reciéndose en esta circunstancia á los juglares y demás cantores del -vulgo. Prescindiendo de los premios, en cierto modo honoríficos, con que los reyes y los grandes señores recompensaban y alentaban á los poetas distinguidos, los magnates , los ayuntamientos y los cabildos eclesiásticos pagaban á los trova- dores de esta clase cantidades razonables de dinero por sus composicimies. El ayuntamiento de Sevilla dio en una ocasión cien doblas de oro á Yillasandino por una composición que este le dedicó, haciéndosela cantar por juglares, y en los años sucesivos le dio iguales cantidades por otras composiciones del mismo género *. El cabildo de abades de Córdoba mandó dar trescientos maravedís á Juan de Valladolid por otra composición , dádiva que excitó la bilis y la envidia de otro trovador de la misma estofa , el ya citado Antón de Montoro, y le hizo prorumpir en unos terribles versos contra su contrincante '; y finalmente, no hay más que leer las muchas composiciones que los mismos Yillasandino, Mon- loro y otros iguales han compuesto sin más objeto que pedir dinero , vestidos y aun comestibles , para convencerse de la exactitud de esta observación.

Pero era tal la estimación que entonces merecia y alcanzaba el arte de tro- var y la gaya ciencia, que estas personas tan ínfimas y abatidas se elevaban, por

* En el códice de Poeiüu inéáUoi de AlPa- May presto lidie conmifo rez Gato, qve se conserra en la Academta de ** ^•i<> ^' e«Wdli la Htotoria , se baila ona composición cayo *** ^' «"«* «"^ enemigo.

epígrafe dice : f Un mozo despaelas de Alón- ?'* *"' *^"r !* "^Jf* ^,^

■^ j -, , .. .. «^ ^ Por qae sois de noble ardid

SO de Vebsco que se llamaba Mondragon Qoe queréis faser caadal

bixo derUs coplas de loores bien becbas al ^^ jg^Q ¿e Valladolid

capitán Hernán Mezla de Jaén y á Joan Al- Colegio mny slagaltr,

vares, y por que Hernán Mexia le respondió Mostrando onde venis

loando en él lo que era rason de loar retra- Dis qa« le nandastes dar

Uban algunos de él diciendo que se desau- Trcslenios maravedís :

torliaba : y pareciendo á Juan Alwez (Galo) 5*** ***?f. *^* f* " "^^^

_^ . , ^-^ 11 u u i>í 1 u Contra Dios y la conciencia,

mal lo que aquellos reprobaban bizo la obra , , ^ .^k...

.^, . ... , « En los coales pongo embargo

que adelante sigue , la cual endereza á Her- q„, „, ,,,^„ ^ ^.^encia.

nan Mexia con la carta siguiente. » Sigúese o mandario aquí traher

en efecto una carta y después un proemio en Ante la mercede de tok

prosa , y luego once coplas de á' diez Tersos Do le fagan entender

con sus explicaciones, todo con el buen fin de Qne gelos distes por Dios

probar que el bombre debe ser apreciado ^^^ ^^ PO' »■ ***>*'•

según sus merecimientos: ferdad que no de- c Antón de Montoro á Juan Poeta por que

bia estar muy en boga en el siglo x? . pedió dineros ai cabildo de los abades de

* Cancionero de Baena, pp. 31 y 52. Córdoba.» -— (Ob. MS.)

* AqneUa maerte qne lidia

EN LOS.SIOLOS XIV IT IV. XXXIU

SU talento y saber, al. trato y oonversacion de las más principales y encumbra-, das : el ingepio borraba las diferencias de naeimiento y estado tan considera- das en aquella época nobiliaria, y estabiecia de hecho lo que se ha solido lla- mar República de las letras. Asi no solo YiUasandino, que ocupó siempre una posición más elevada , sino Montero el Ropero , maestre Juan el Trepador, Gabriel el Músico, Marün el Tañedor, Juan de Yalladohd, y hasta Mondra- . gom el mozo de espuela, estuvieron en comunicación y correspondencia con' el marqué? de Santillana, con el duque de Medinasidonia, con el alcaide de los Donceles, con el conde do Cabra, y con otro^no menos elevados personajes de los reinados de Juan II , Enrique lY y los Reyes Católicos.

Pero asi como la poesía culta y cortesana manos de los graades señores se hizo por necesidad eco de sus sentimientos, afectos y pasiones, y por lo mismo poUticaá veces y filosófica, asi en manos de estos truhanes se hizo con frecuencia chocarrera, bufona y aduladora , aunque á veces con un desenfado

Es esta una clase de poetas ó trovadores digna de una mención y estudio eq[)ecial, porque, si bien no son poetas populares por la forma é Índole de sus composiciones, tienen estas á las veces un carácter tan particular de actualidad y de localidad, que les da cierto interés de que comunmente carecen las com- posiciones serian. Hablaré de algunos de ellos para da)* jma idea de la exten- sión de la poesia, y para examinar el estado de esta noble arte entre los tro- vadores de esta Ínfima clase , ya que la hemos representado brillando con magnificencia y esplendor, en las cortes y palacios de los reyes y grandes se- ñores. •

Uno de los trovadores más célebres de esta clase es sin disputa Antón de Montoro, sastre ó remendón de Córdoba, y por esta circunstancia muy cono- cido con el nombre ó apodo de el Ropero. Es diflcil explicarse cómo en una condición tan abatida, pues era ademas pobre y judio de raza\ pudo adquirir, no solo la soltura y desembarazo de su estilo fácil y gracioso, sino el saber y la

* En un periódico literario que se pobli- caba en Madrid en 1841 (El Ttovadar ó Sema- nario de e9crito$ y de poesiai inédiUu) , se in- sertó ana biografía de Montoro , en que se dice que este trotador (¿ quien se Uama Juan Antón), «fué hijo de D. Pedro y de D.* Juana iGuzman, de la primera nobleza de España ; •que fué educado por D. Iñigo Vclasco, ca- »|áDÍgo de Córdoba, y tio suyo por parte de •padre , que le dio una educación esmerada, •conforme la que se daba en aquel tiempo ¿

>Ios caballeros nobles, etc. etc.» (p. 9). Todo esto es infundado. Antón de Montoro nos dice en sus versos él mismo, que era pobre , de raza judia, sastre ó ropero, y no por lo mismo de dónde pudo originarse la equivo- cación del autor de aquella biografía. Puede tal vez que se haya confundido al Ropero con otros poetas del mismo apeUido Montoro an- teriores ¿ él, y deque hay versos en los cau- cioneros manuscritos.

XXXIV DB LA «OEfitA GASTgLLANA

erudición que suponen algunas de sus poesías» oomo, por cyemplo, la dirigida al duque de Medinas^donia memorase la perdieÍM de Urdíala euamdo era dubdosa*. Pero ello es que se hizo famoso por sus versos, hasta el punto de merecer casi unánimes elogios de los denuis poetas \ y la protección y aprecio de los señores de aquel tiempo, en los reinados de Juan II, de Enrique lY y de los Reyes Católicos, que llegó & alcanzar. El mismp pinta en sus Tersos su condición abatida , su razajud&icay su miserable ocupación': poco podian

* Esta composición se ba pubUcado en el Trovador, t. i,p. 0. t El comendador Ribera le Hama

E«e li|Dbre muy funoso Poeta muy copioso Llamado Aaton de Mtiitoro.

(Coac. de BuriMS, p. 100.)

Alvarez Gato , en las coplas inéditas arriba diadas 5 en el epígrafe á la décima, dice : c Trabe ¿ consecuencia aqael pobre ropero de Córdoba Antón de Montero y al mozo de espuelas Mondragon.... diciendo que si estos obraren 6 bablareo bien otros general- mente) no les debe empachar bevir en abito bajo ó pobremente para ser oidos e loados.»

No hastnos Dios del oro Dejemos este agaadaclio , Si J>ien obra el de Montoro , AtBi|oe pobre do tesoro Ténganle por rico mncho.

(Ob. MS.)

No pensaba de un modo tan liberalel co- mendador Román , que se indignaba de que un judio y un remendón aspirase á ser poeta cortenno , aunque tutiese talento para ello.

Por qve toméis i la vara De Tiestra remenderia Vos amenaza Gneyara

Y tapMn Hernán Meila... Que TOS trovéis palanciano Ese trovar mu os mata , Porqne si van á la cata

Bien sabraa qne sois marrano. Trovad en certe de Rey Enjabones remendar. Trovad en ir i moldar,

Trovad en saber la ley

T cobrareis gran conorte En uber qne nanea errasles, Sia qie vos trovéis de corte Paes Jamas en ellk entnstes... Tomareis mi boen consijo Qne d^els ese trovar

Y qae 08 vais i remendar.

(Cwc. de Bwiét, p. 87.)

Gonzalo de Morón, en una pregunt»que di- rigió á Montoro, le elogia de esta manera :

La gloria de vaestn fama De metros da vneitn boca Es por Dios Una may ardleaie tama Qae todo el trovar advoca : En loor de solo vos, etc.

{Cmie. MS.)

HasU el portugués Alvaro Brito, que tasto le maltrata, conflesa su excelencia en el tro- var, y la Fama que en esto babia adquirido :

Qae troves tam devantajem Como tendea grande fama Tras b orelha achey escama Doade vtm vosa pmmijem.

iCmie» de HeteBde, fol. uxii.)

' aqui cómo pinta su situación y es- tado en el diálogo con su caballo. Dice el ca- ballo:

Aqael de pobres abrigo De los mas lindos qie vi

{D. Alomo de Á$tdler.) De los moros enemigo Para vos libró baen trigo

Y cebada para mí.

Y vos malvado cohén , Jadío, salo , logrero Por tenerme en rehén

Y qae nanea hnbiese bien Dejlstes qae na lo qiiiero.

Y responde Montoro :

Paes vierades mis respetos Teniendo vos baen consejo , Como hacen los discretos Qne tengo bijos y nietos ,

Y padre pobre y mny viejo ,

Y madre Dofia lamila

Y hya moia y hermana

Qae nanea entraron en pila...

{Cene, de BurUu, p. 91.)

Otras veces 9 cansado de pedir á los grandes y sefiores, se despide de la poesía para vol- verse ¿ su pobre ocupacjon.

Paes non crtsce mi caadal

EN LOS SIGLOS XIV Y IV. XXXV

importarle por lo mismo los órneles sarcasmos é inveotivas que con este mo- tivo le dirigían otros trovadores, i los que ¿1 contestaba con no menos diasen- ftido y virulencia. Sus obras principales son del género festivo 6 de bnrias» como entonces decia, y en ellas llegó á veces ¿ elevarse basta la buena s6- tira y al verdadero epigrama \ Alcanzó como dejo dicbo , los tiempos de los Reyes Católicos, y en loor de la reina Isabel escribió unos versos tan sama- mente aduladores', y tan irreverentes ¿ la virgen Marta, con quien osaba profe- ñámente comparar á la Reina, que provocaron una multitud de severisimas im- pugnaciones dentro y fuera de Castilla : en algunas de ellas se pedia contra el pobre Ropero nada menos que la hoguera*. Sin embargo, no consta que haya sufirido persecución ninguna, & pesar del generoso ardor con que tomó la de* fensa de los cristianos nuevos ó conversos. Es este un rasgo muy notable de la vida y de las composiciones del pobre Ro-

\

/

El tronr, nin da mu piga, Adortmoste, dedal, Oradas te )iagaiMi,almJa.

( Aitoo de Montoro al eonde de Cabra porque le de- nandó é non le did nada » Okr, MS. )

< Véase cómo c«utnn las prodigalidades j debiUdad del gobierno de Henrique IV :

El amo noble anfriente Paeillco , Jadivoso Cria moioinobedieiite Soberbio, nido, pomposo,

Y a tiempo luego .pasado Guando le siente el error. Quiérelo bater castlfado Piensa fallarle msndado Fállalo ser mandador. Asy fiso el tirtaoso

Seflor, nuestro rey muy alto. For dar á mucbos reposo Dio asi gnu sobresalto. Fiso de sierros seflores Con leda ean de amor, Fiso de grandes mayores, Fisoles ricos dadores T i ai mismo pedidor.

{Oh. US.)

Los siguientes epigramas contra el trova- dor Juan Marmolejo y contra Miguel Duran, censurándolos de borrachos, tienen en mi concepto gracia y donaire.

A Joan Marmolero :

Guardas puestas por concejo, Dejadle pasar, y entre Un cuero de vino aftejo Que llera Juan Marmoleo Metido dentro en su vientre :

Y puito no revieaie.

A Miguel Duran :

Enfermó Miguel Duran De beber tinajas llenas Sin potajes ni sin pan : Por el barbero le van Que le sangre de las venas. Con sus malos apetitos Hallanle las venas duras , Cuescos de ubas y mosquitos Salen por las sangraduras.

(CoM. de JKrIaf , p. 195.)

* El concepto de la composición está ex-, presado, en los primeros versos :

Alta Reina soberana , Si fuerades ante vos* Que la hija de Sant Ana , De vos el h)Jo Dios Resciviera eame bumana.

Contra estas irreverentes coplas escribió Francisco Vaca descomposiciones que se ba- ilan en el Cancionero general de iSii ; y en el Cancionero de Resende, fol. xxxn, bay unas fl coplas de Alvaro de Drito á Antón de Mon- »toro sobre esta cantigua que fez como » ereje » ; y en ellas le dice entre otras cosas no menos duras :

Vos de vos mostraes agora

Vosso mal donde vos vem ,

Igualando ó mal eo bem

A serva eom á Senhora :

Mas se vos diserels tal ,

Nos reinos de Portugal ,

Logo foreis Dom Roopeirt

Cum barato d'aceiteiro

Noo rogo dt Sant Banal.

UITI DS LA FOESU'GASTBLLAIIA

pwo. A últimos del siglo xv (1473), desenfrenado el popnlftoho contra lod orís- tianos nuevos ó conversos del judaismo, se entregó contra ellos & horribles excesos. Empezó el motín en Córdoba, donde no pudo apagarle D. Alonso de Aguílar; siguió & Jaén, donde mataron los sublevados al condestable Miguel Lú- eas» y se extendió & las demás ciudades y pueblos de la Andalucf a, y de alli ¿ los do Castilla. El Rey y los grandes, por lo general, amparaban á los infelices per- seguidos; el populacho y las clases medias los odiaban y perseguían de muerte. En esta situación no carece de cierto mérito moral la conducta del Ropero, adelantándose ¿ defender en sus composiciones á la clase de conversos & que 61 pertenecía, y exponiéndose & los odios populares que otros cristianos nuevos pretendían alejar de si, asoci&ndose & los perseguidores. El Ropero reviste de mil formas su honrado intento y sus nobles esfuerzos : unas veces se dirige con decisión y vehemencia al Rey Católico, denunciándole los excesos cometidos en Carmena contra los conversos, y pidiéndole que los castigue * ; otras echa en cara á D. Alonso de Aguilar lo poco quahizo en Córdoba en favor de los perse- guidos, y retrata con desenfado la triste situación & que se les ha reducido *. En una de sus composiciones se queja ¿ la reina Isabel de que setenta años de fe y de prácticas cristianas no hayan podido borrar el reato de su origen, y la infa- mia con que se quería manchar á los conversos' ; y en otra muy notable agota

i Si toablo con ondia Es por ver de cada dia Lo qne dijo Salomón. Si quisiereis perdonarme Segnireis la fia vaada! Y f i a pena eondename i Que mnerte podéis vos darme Que yo no tenga'pasada ? Si decis porque lo digo Que hago nnos procesos , Rey de la tirtud amigo, Mostradme vos un castigo , Danos he dos mil excesos... Digolo por la pasión Desta gente convertida Que sobre las ascuas andan Con menos culpa que gusto. Que los que muy menos mandan Cien mil veces les demandan Aquella muerte del Justo. ¡Y si tal tema y recelo Les mostrasen sin amor Por vengar al Rey del Cielo ! Pero hácenlo con celo * De roballes el sudor. Ppes Rey do firtud (se) acata , . Do las destreías están Castigad quien los maltrata : * Que'un BOtttenielo se mata

Con quien le fiere su can... Si vierais el saco-mano Déla villa de Carmona,

Y no, seflor, una Vara Que dijese «sosegad». Si vuestra alteza mirara , El corazón vos manara Gotas de muy gran piedad.

(Montoro: «Al Rey D. Femando el Católico, sohre el robo de Carmena.» PoaUi tcHM.— MS.)

1 Buen caballero leal , Que los defectos olvida , De sangre pura real. Os ha parecido mal Desta gente convertida. Digno de mil sefloríos De corazón y de manos. Muy mas por sus desvarios Les valiera ser ludios Que Cristianos. .

(Montoro : «A D. Alonso de Aguilar cuando la des- truicion de los conversos de Córdoba.» P0€sUs9ih Hm.-IIS.)

s 0 Ropero , amargo , triste Que no sientes tu dolor ; Setenta afios que naciste

Y en todos siempre dixisle IwrioltíBpérmmuUte; .

EN LOS SIGLOS Xíf Y XY. XIIYU

toáBL sd hid y stooasmo contra Aoifr¿jfo CoUH*¿l famoso aotor de la primitiYa Cde9thia , porque siendo como era de rasa juikíca, babia escrito contra los iHEdices conYersoSy asociándose & sus perseguidores *.

Pero si no consta que Montero haya sido perseguido, tampoco aparece que & pesar de sus relaciones con los grandes señores y caballeros de su tiempo, y de su &ma y celebridad como poeta, haya querido ó podido abandonar su hu- milde ocupación, ni dejar de ser ropero*. Sus Ycrsos se hallan esparcidos en

NttietJtrétIerMor,

Hice el credo , y adorar

onas de tocino grueso ,

Tórrenlos medio tur,

Oir misas y rezar,

StaUfnar y perttaar, *

Y nanea pode matar Este rastro de confeso.

Los inojos eneoriNHlos ,

Y con mny gran debocion Enlosdiasseftalados

Coa gran devoeion contados ,

Y rezados

Los nndos de la Pasión , Adorando a Dios y Hombre Por mny alto sef or mió , Por do mi colpa se escombre , No pode perder el nombre De Yiejo puto", Judio...

Pues Reyna de gran nlor , Qne la santa fe acrecienta , No quiere Nuestro Sefior Con furor

La muerte del pecador , Mas qne vin y se arrepienta.

Pues Reyna de grande estado , Hija de angélica madre , Aquel Dios crucificado, Muy abierto su costado , Con Yituperios bordado E inclinado

Dixo , perdónalos s Padre. Pues Reyna de autoridad^ Esta muerte sin sosiego Cese ya por tu piedad

Y bondad.

Hasta alia por Navidad Coando sabe bien el fuego.

(Vontoro : « A la Reyna Dofia.lsabel. Poe¡^ va. HM.-1IS.)

* MoDtoro: «A unas (coplas) qne hizo Ro- drigo GoU de Haguaque.» P«0«giá« varioi. MS- E9U composición de veinte y seis coplas está Uena de sarcasmo y de ironia, y de alusiones picantes y ofensivas. aqoi algunos pasajes cariosos y que dan algunas notídas de Ro- drigo Gota , de quien tan poco se sabe.

Dlgolo , sefior bermano , Por una scriptnra , buena , Que ti vuestra no de' plana , Si viniera de la mano Del sefior Lope , ó de Mena : O por no crecer la cisma Deste mal que nos ahoga De alguno qué sin sofisma Loando la santa crisma Quiere abatir la sinoga...

La muy gnn injuria delios Lugar bubiera por Dios Casi de pies i cabellos , Si por condenar á ellos Quedarades libre tos. Mas muy poco vos salvastés No como no lo vistes , Qne en lugar de ver cegastes Porque i ellos amagastes

Y á vos en lleno heristes. Porque , muy lindo galán ,

No paresciera ser asco Si vos llamaran Gusman 0 de aquellos de Velasco. Mas todos según diré Somos de Medina bu De los de Benatavé

Y si estos don Mosse Vuestro agüelo Don San...

Varón de muy linda vista, A quien el saber se humilla , Quien a prudencia conquista Dicen que sois coronista Del sefior Rey de Cecilia. Mas non vos pese , sefior, Porque este golpe vos den , Se que fuerades mejor Pan ser memorador De los fechos de Moysen.

* A lo menos asi se infiere de los siguien- tes versos que le dirigió Alfonso Velas.

Como los ricos tesoros. Puestos so la ruda tierra Non labrada, son perdidos,

Y los cantos mny someros Con que la serena aterra Poco oidos :

IXXTIII DS LA POB«U GA8T1&LANA

las primeras ediciones del Candmero gmieral, pues en la AUima se han supri- mido enteramente ; en la mayor parte de ios cancioneros manuscritos, y en un códice de la Biblioteca colombina de Sevilla de que babló ya D. Nicolás An- tonio ^

Contemporineo del Ropero fué otro trovador de la misma especie, llamado Joan de Vcdladolid, y más comunmente Juan Poeta. Si hemos de creer el tes- timonio de los trovadores de su tiempo, aun era de condición m&s abatida que el Ropero ; pues era, según ellos, hijo de un pregonero, ya que no verdugo de Yalladolid , y de raza judia.*. Su afición á la poesía le hizo ser conocido con el nombre ya referido de Juan Poeta ; y en efecto, parece que de esta habili-^ dad ó profesión sacaba principalmente el modo de subsistir. Los reyes y los grandes le protegieron : -Alonso Y le llevó consigo á Ñapóles', la Reina Cató- lica, cuyos tiempos alcanzó, le favorecia^, y ya hemos visto más arriba que lo

*

mismo faacian el cabildo abades de Córdoba y otras corporaciones y señores. Pero otros le hicieron el blanco de sus tiros en versos cruelísimos en que nada respetaron , señalándose en esta indigna cruzada , no solo el Ropero y otros trovadores de su estofa, sina el conde de Paredes y el comendador Rivera'. Es de suponer que él no se morderia los labios, pues en los versos que de él nos que- dan se ve, que si con virulencia le atacaban, no se defendía él con más dul- zura, volviendo insulto por insu^to,y desprecio por desprecio. Sus composicio- nes, sin tener la'gracia y el chiste de las del Ropero, son sin embargo bastante notables por el desenfado y el donaire con que están escritas. En las obras se- rias como el Testamento del maestre de Santiago ', D. Alvaro de Luna, se

Asi Tiiestro mny polldo Estilo de consonar . Todo entero Es en TOS eomo perdido » Por TOS non querer .dijir De ser ropero. (Ohw MSJ

* Bibliot. Nova, «ti. Antaniu$ BhiUoró.

* Pnes sabéis foleí es so padre? Un Terdago y pregoaero

Y qaereis reirT su «adre Criada de an mesonero. (Montoro: «AJiaiPoeta.B-^OMwJfJfSJ

s c Coplas de Ribera ¿ Jaan Poeta , esundo loa dos en Nápoles.'a (Conc. de Btur. , p. 100. ) ^ Se que la aohle discreta Reyna , seflora de nos Si TOS da, por lo de Dios, Mas non por macho poeta. (Montoro : *A Joan Poeta.»— O^fM JíJf5.;

> c Coplas del conde de Paredes á Joan Poeta » caando le caUvaron los moros de Fez.

(Cañe, de Bur, , p. 75.'-4Ubera, en lis coplas citadas en la nota 5.)

* En esta composición , en qne salen Me- dea » Creon , Jason , Priamo , Pirro » Aquilea, JSdipo, Lario, Yocasta, Ipdlito , Agamenón, Egisto y otros cien personajes de la antigüe- dad f con quienes se compara el infeliz D. Al- varo de Luna, hay, con todo, pasajes senti- dos y bastante bien escritos. Copiaré algu- nos, por ser obra inédita y para dar idea del estilo del poeta.

Mando primero qae sea Un cadalialso leTantado Donde sea degollado Porque todo ombre lo Tea... Mando al grand pregonero Delant Taya pregonando E asi se cumpla el mando Del Rey noble Justiciero i Oh muado falleseedor ! iQaénlidtutosohir

EN LOS SIGLOS XIV Y X?. XXXIX

observa que halna adquirido toda la enididon indigesta y p6sa4^ con que ios poetas de aquel tiempo recargaban, sus composiciones y desnaturalizaban los argumentos sobre que escribieron.

De la misma clase que el Ropero y Juan Poeta, fueron Garci Fernandez de Mrma, trovador en los reinados de Juan I y Enrique el Enfermo, casado con una juglaresa mora que le arrastra al mahometismo, que abjuró después al fin de sus largas y extrañas aventuras*; Maese Juan el Trepador 6 guarnicione- ro; Martin ei Tannedor y otros muchos que seria enojoso mencionar.

Entro los trovadores de esta Ínfima clase, y los reyes y los señores, habia un número de poetas in(»«ible. En las diversas ediciones del Cancionero general, se cuentan más de doscientos, en el de Baena, que damos & luz, cincuenta y cin- 00, y en los cancioneros que aun se conservan manuscritos se encuentran casi otros tantos como en los impresos. En solo un códice manuscrito de la Biblioteca de la Reina, conooidamente anterior al año de 1450, se hallan composiciones de setmta y nueve poetas, la mayor parte de ellos diferentes de los comprendidos en ias colecciones ó cancioneros impresos. El arte de trovar llegó pues á hacerse tan común y á tomar tal extension,*que no debe parecemos exageradoel cuadro que de esta general afición & hacer versos nos presenta, en términos festivos, un poeta de fines del si^o :|v *, en las coplas que oopiamosal pié de esta página:

Fruto de esta general afición á la poesia ocMrtesana fiíéron , muy desde los

Poes qae aiia de teñir A tan Til mnerte morir Como an pobre caballero ! Lu mi^manos qoe besadas Foeron de comendadores B de grandes e menores , Mando <nie sean Janeadas B eon an cordón ligadas De mny inerte tigadnra , Qoe para esto la venUira He Us OTO así criadas. Bt mi cfleflo excelente , Qae lamaa eonsintid yago Mando qae tome el Terdago E del faga A sa tálente Lo cnal se faga presente De cuantos Terlo qnerran Porque jamas fladin Deste siglo é loaran Al Sefior omnipotente... Mi cabeza tan nombrada PortodoelnníTersal Mando en on claTO cabdal , Qne á todos sea mostrada , Por qae mas sea publicada La mi desastrada muerte E tome castigo el ftierte Si haTrft tal pena é sierte

Fasiendo al Rey errada...

rCdiUe i9 U BUHotteaIf§eifi»úl,J

* Canctúu, de Baena, pp. 020, 622, 62S.

* Del troTar no digo nada Por que es graeia natural

Y los que usan de ella mal La tienen ya disfamada... Que como con el troTar

Los sabios muestran quien son Los necios con presnneioB Sabios se quieren mostrar... TroTan chufas los pastores Coando Tolar las gmllas

Y para hecbarse las pullas Las troTan los eabadores. Facen los ensalmadores * Ensalmos metrilicados Los locos enamorados Troraa canciones de amores. Aoja poc consonantes

La moger qne es aoijadera

Y curan desta manera

Las bruzas y oras mengnantes. Las moiuelas é infantes De rústicos y groseros Para tafier en panderos ' Hacen metros y discantes. (Escobar , Pregmíet g mpuatet 4ei áMrmte,)

XL DE LA poesía CASTELLANA

principios, las colecciones que de las composiciones más celebradas se empe- zaron á fonnar con el nombre de Cancioneros, La tradición oral no bastaba & . conservar y trasmitir canciones compuestas en metros artificiosos y variados» cuyo principal mérito consistía en la precisión j exactitud con que estaban ex- presados los pensamientos, y que no se sostenían por el interés de la narración . como los romances populares: Una pequeña alteración en las palabras ó en la rima podia destruir todo el efecto de una 'canción ó de un decir, y ademas la importancia que se daba & estas composiciones, no permitía abandonarlas al descuido de los recitantes y juglares. Era pues una necesidad escribirlas y recogerlas, y por eso los Cancioneros, es decir, los depósitos de la poesía culta y cortesana, precedieron en más de dos siglos á los Romanceros ó depósitos de la poesía popular. Los Romanceros no se formaron hasta que , tomando ya cierta importancia los cantos y romances populares, se escribieron quizá por la primera vez para imprimirlos, recogiéndolos de la tradición oral, lo que no su- cedió hasta el primer tercio del siglo xvi ^ Los Cancioneros, por el contrarío, son ya conocidos en los siglos xiv y xv, y aun mucho antes, si comprendemos en esta denominación las colecciones de las obras ó canciones de un solo poeta, como, por ejemplo , el Libro de las cantigas de nuestra Señora , del rey Don Alonso el Sabio ; el Libro de Iqf cantares, del príncipe D. Juan Manuel*, y el Cancionero , del marqués de Santillana. Estas colecciones particulares prece- dieron sin duda alguna á las colecciones generales ó antologías, á que damos con más propiedad el jQombre de Caiipioneros.

Muy grande debe haber sido el número de estas colecciones ó cancioneros, cuando de tantos se conserva aun la noticia\ y cuando tantos otros se hallan todavía en las bibliotecas públicas y privadas. Argote de Molina' cita ya un cancionero de los poetas que florecieron en tiempo de Enrique III ; Floranes describe y extracta el formado por Antolinez de Burgos^ ; en la Biblioteca Na- cional existe el de Híjar y el llamado impropiamente de Stúníga ; la par- ticular de S. M. se conservan varios escritos en el siglo xv', y en las biblio-

* El primer Romancero que se publicó , salió todavía con el nombre de Cancionero, llamándose Cancionero de romanees , y se im- primió en Ambéres en ISSO , ó poco antes. Verdad es que se supone existe una primera edición de Zaragoza ; pero aun asi , solo pue- de ser anterior en algunos afios ¿ la citada de Ambéres. (Véase á Duran, t. n del Roman- cero, p. 679.)

* Argote de Molina, Vida dd principe Don Juan Manuel, al frente del Conde Lncanor, ed. de Madrid , 1642, p. 3.

. ' Nobleza de Andalucía, en el Índice de los manuscritos.

^ Crónica de Alfonso VIII, ed. de Sancíba. Apénd. , p. cxxxiv. Ignoro dónde para actual- mente este Cancionero, aunque bice diU- gencias para encontrarle , y aunque se me die- ron algunas esperanzas de conseguirlo.

B Entre los diversos Cancioneros manus- critos que se conservan en la biblioteca parti- cular de la Reina , y que S. M. se dignó man- dar se me confiasen, bay dos muy notables. El primero es un códice en folio menor, de letra

EN LOS SIGLOS XtV ¥ XV. XU

tecas de Paris se encuentran hasta siete , indluso el de Baena, que el Sr. Ochoa describe detalladamente en su Catálogo razonado.

Todos ó la mayor parte de estos cancioneros son anteriores á la introducción de la imprenta. Cuando esta apareció, al momento se empleó en divulgar y en poner al alcance de todo el mundo aquellas colecciones de que hasta en- tonces solo podian disfrutar las personas acaudaladas. Primevo, á lo que pare- ce, publicó su Cancionero Ramón de Úabia\ y después dio á luz su Guir- ianda esmaltada , Fernandez d^ Constantina*. Pero estos no eran más que ti-

eono de mediados del siglo xv, en caja época hay indicios de haberse formado el mismo Cancionero : está escrito en papel graeso, de hermosa letra, y con mayúsculas formadas de grandes y caprichosos dibujos , que ocupan las márgenes y á veces están iluminadas de colores. Comienza con obras de Diego Hur- tado de Mendoza , padre del marqués deSan- tillana , y con las del condestable D. Alvaro del^na, y acaba con una composición de Lope de Stúñiga , que empieza : t Si mis tris- tes pensamientos»; pero le faltan algunas hojas por el medio. Es un códice preciosísimo para la historia de la poesía cortesana de aquella época , por contener muchas poesías desconocidas, de personajes y trovadores cé- lebres. Entre ellas hay bastantes versos del rey D. Juan 11 de Castilla y del condestable D. Alvaro de Luna, que me ha parecido conve- niente publicar á continuación de este discur- so.— El otro códice, en folio menor, de 136 fol. , perteneció al colegio Mayor de Cuenca , y está escrito en variedad de letras , algunas muy difíciles de leer. Parece haber sido es- crito á principios del siglo xvi, y contiene poesías de treinta y cinco poetas ; entre ellas eslán las de D. Hernando Colon, que supongo será el hijo del célebre Cristóbal , y de qnien no sabíamos que hubiese sido poeta. El ín- dice de los poetas de uno y otro códice lo pondré en el Apéndice. Para distinguirlos los cito con los números 1.*^ y ^.°

* El llamado Cancionero de LlalHa, que describió minuciosamente el P. Méndez en su Typogr. Esp. , p. 3S3 , no se sabe en qué año n| dónde fué impreso , pero está dirigido á la señora D.* FrancUquina de Bardagi muger M magnifico señor motsen Juan Fernandez de Heredia, Gobernador de Aragón por los años de i48i á 1503; y de aquí puede inferirse la fe- cha, y aun el logar de esta publicación. En el prólogo dice el colector: f Puesto que ningu-

» na obra de las comprendidas aquí sea mía «empero por que deseando yo... aprovechar » á muchos á costa mía he divulgado por mu- »cbos volúmenes la presente obra pareció «conviniente cosa por un brevecito prólogo » facer de ello mincion. Ca honesto é buen de- »8eo parece que yo quiera que sepan los que

> leerán este libro mi diligencia en haver es- » cogido de muchas obras católicas puestas »por coplas las mas esmeradas é perfetas... - Es libro sumamente raro y del que se pueden sacar noticias literarias muy curiosas.

* El título de esta obra es el siguiente : Cancionero llamado Guirlanda esmaltada de galanes y elocuentes decires de diversos auto- res. En la página 4 se repite en esta forma : Cancionero de muchos é diversos autores co- pilado y recolegido por Jt^an Fernandez de Constantina vecino de Belmez. El prólogo co- mienza asi : f La suavidad de la bien sonante «melodía del galán y breve decir, después » do haber en mi oreja puesto su gusto de dul- » zura , y á mi pecho satisfecho en muchos y » largos días, me aliño á colegir y recopilar » algunas obras que la fama , no menos uraña >que avarienta , rimadas me dejó en el len- guaje fabricadas, que nutrido en mi tierna

> infancia me hizo las mas que yo pude ; y » mostradas á algunos no menos amigos míos

»que compañeros en edad y noble conver- » sacion , y después de darme las gracias por »el que he dicho trabajo, me criaron gana >> para podellas her divulgadas. » El colector afirma que tenia repugnancia en publicar es- tas obras por dos causas : « La primera, dice, »por que me gozaba yo ser relator dellas, lo

*»otro porque no viniesen á ser sovajadas de »los rústicos, las lenguas de los qaalesquasi «siempre ó siempre suelen ser corrompede- » ras de los sonorosos acentos v concordes » consonantes y bermanables pies....» De las , cláusulas copiadas debe naturalmente infe-

**,T

XLll DE LA POKSlA CASTELLANA

midos ensayos y como los precursores de la grande colección ó Canctan^o general de Hernando del Castillo. Este cancionero obscureció á todos los an- teriores y fué tal la boga que obtuvo, que se hicieron de él un crecido nún^ro de ediciones desde el año de 1511 que es la primera, hasta la de Ambéros de 1573 que es la ultima \ Desde entonces no se ha vuelto ¿ imprimir ni den- tro ni fuera de España, sin duda ninguna porque habia pasado ya el gusto li* terario del siglo xv, y la afición ¿ las antiguas, coplas y canciones castellanas. Solo los curiosos y eruditos leian ya aquellos metros, que formaban la deli* cía de nuestros abuelos; y los Cancioneros, ¿ pesar de tantas ediciones, han llegado ¿ hacerse tan excasos, que se tiene por una gran fortuna poder hacerse con algún ejemplar de cualquiera de sus muchas ediciones , aun pagándole & los precios exorbitantes que boy se pagan.

Pero entre las colecciones de este género ba sido siempre, y con razón, una de lasmascélebres, el llamado Cancionero de Baena, tantb por las composiciones que contiene, como por la época y la solemnidad de su formación. Fué hecha en efecto esta colección para ser presentada al mismo rey de Castilla D. Juan el H, por uno de los poetas de su corte , su escribano y servidor el judio Johan Al- fon de Baena, el cual nos dice que la « fizo ordenó é compuso con muy gran- »des afanes é trabajos, é con mucha diligencia é afection é grand deseo de i>agradar complaser é alegrar é servir á la su grand realesa é muy alta señoría.» El poeta colector no disimula la importancia que daba ¿ su trabajo, pues afir- ma sin vacilar que a si el rey leyere en este dicho libro en sus tiempos debidos Dcon él se agradará é deleitará é folgará é tomará muchos deportes é plaseres j»é gasajados; é aun otrosi (añade) con las muy agradables é graciosas é muy ))singulares cosa^que en él son escriptas é contenidas la su muy redutable é Dreal persona averá reposo é descanso en los trabajos é afanes é enojos é des- mechará é olvidará é apartará é tirará de si todas tristezas y pesares é pensa- »mientos é aflicciones del espíritu, que muchas veces atrahen é causan é acar- ))rean á los principes los sus muchos é arduos negocios reales» . Y como si aun quisiese aclarar más la importancia de «u colección y la boga en que á la sazón

rhrse , que este Cancionero (que tampoco ex- blioteca particular de S. M.— Este Cancionero

presa ni el año ni el lugar de la iropres¡on)es es libro muy raro ; yo no le he visto nunca ;

anterior al de Castillo , y que no fué , por las noticias que de él doy están tomadas de

consiguiente , la colección de este á la que se una copia que se ha sacado del ejemplar que

dio por primera vez el nombre de Cancionero, , se conserva en el Museo Británico,

como asegura Ticknor en su History of spa- < Las ediciones conocidas del Cancionero

niih literature, t. i , p. 395 , sin saber que ya generalson las siguientes : Valencia, 1511; id.,

Gómez Manrique llamó Cancionero á la colee- 15U; Toledo, 1517 ; id., 1520 ; id., 1527; Sevi-

eiondepoesiasdel marqués de S:intilliina,que lia, 1535; id., 1540; Ambares, 1557; id., 1573.

se conservan en un precioso códice de la Bi- Pero hay indudablemente otras muchas.

EN LOS SIGLOS XIY Y XV. XLIII

96 hallaba la gaya ciencia, ofrece su libro, asegurando que «con él se agrada- »r&n é folgar&n la reina D/ Maria y las due&as é doncellas de su casa, el prin- licipe D. Enrique, hijo del rey, y todos los grandes señores de sus reinos y seño- uriosasi prelados, infantes, duques, condes, etc., como maestres, priores, «doctores, caballeros y escuderos , y todos los otros fidalgos y gentiles ornes usus donceles y criados que lo ver é oyr é leer é entender bien quisieren».

Aunque este cancionero se compiló á mediados del siglo xv, contiene obras de poetas y trovadores pertenecientes al siglo xiv, y abraza por lo mismo una de las épocas más importantes de la historia de nuestra literatura antigua.

El Cancionero de Castillo puede decirse quecomienza donde acaba el de Bae- na, y que entre los dos completan en cierta manera el cuadro de la poesía corte- sana anterior al siglo xvi. Sin embargo, para conocer bien á fondo el carácter de esta poesía y las alteraciones y vicisitudes por que fué sucesivamente pa- sando, son de un grande auxilio los otros cancioneros que dejo citados, y las demás obras poéticas que por su extensión ú otras circunstancias no han for- mado nunca parte de las antologías que conocemos.

Dada ya una idea del desarrollo , por decirlo asi , exterior de esta parte€aa principal de nuestra poesía, réstame decir alguna cosa acerca de su Índole y carácter peculiar y sobre su mérito literario.

Es ya casi un axioma generalmente admitido que laliteraturaengeneral , pero más especialmente la poesía, es un reflejo de la sociedad contemporánea, un retrato al vivo de sus afectos, creencias y pasiones ; y si esto fuera tan literal- mente exacto como se supone , fácil seria caracterizar á nuestra poesía erudita y cortesana. Compuesta principalmente por reyes, por grandes señores y por caballeros ; escrita en una época tumultuosa y anárquica, en que la fuerza pre- valecia sobre todos los derechos, y en que la sociedad presentaba la imagen de una continuada y sangrienta contienda ; abrazandg un periodo en que á los grandes disturbios interiores se anadia la guerra nacional santa y perenne con- tra los infieles que ocupaban todavía una de las partes mejores de nuestro ter- ritorio, y escribiéndose necesariamente bajo el influjo de aquel espíritu caba- lleresco que en medio de sus exageraciones y extravagancias babia elevado á tanta altura los sentimientos de honor y de lealtad , la protección de los desvali- dos, y el respeto y casi adoracioifde la mujer : ¿quién no creerla que los versos escritos bajo estas influencias, y por los que figuraban en estas luchas , en estos disturbios y guerras , por los que acaudillaban nuestras huestes , por los que brillaban en las justas, pasos y torneos ; quién no creería, repito, que seme- jantes versos respirarían el furor de las contiendas civiles, el santo entusiasmo por la libertad de la patria, la gloría de los combates y el espíritu emprendedor.

XLIV DE LA poesía CASTELUNA

elevado y brillante de la caballería? Y sin embargo nada de esto se mcueotm en el inmenso número de composiciones que constituyen el fondo de esta poe- sía. Los cal)alleros más duros y bravos, ios que más se complaoian en losoom*- bates y en las lides campales, escriben , al tomar la pluma, como enamorados donceles y como suaves Adonis, como conceptistas y metafisicos, sin que ja- más se encuentre en sus versos la menor alusión á sus hechos de armas ni á sus empresas guerreras, ni á las tremendas y sangrientas catástrofes que soliao terminarlas*.

En vano se complacian en los hechos y empresas de la cabaUeria» en lasrs** vueltas á que su ambición los llevaba, y en la sangrienta diversión de las jus- tas y de los torneos : al leer sus versos , no se ve ni un solo indicio de que estén escritos por manos encallecidas en los combates y por corazones templa* dos en los horrores de las contiendas civiles. El gallardo y desgraciado D. Al- varo de Luna , el quijotesco Suero de Quiñones que entraba casi desarmado en las batallas contra los ínfleles, en obsequio de su dama*, y mantenía dea- pues con igual motivo el célebre paso honroso del puente de Orbígo; sus oom- paieros y contrincantes, el malaventurado Juai^ de Merlo', Lope DestCAi-

^ Hay, sin embargo, que exceptuar la caida y luuerttí de D. Alvaro de Luua , que afectó eu gran manera la imaginación de los poetas cortesanos, y fué el argumento de muchas de sus composiciones.

^ Los jueces del Paso Honroso prohibieron á Suero de Quiñones justar en él « quitada uua pie/.a de sus armas > ; pero él se les mos- traba « muy agraviado ó querelloso », alegán- doles <( que por servicio de su dama avia entrado en la batalla que el Rey havia dado á los Moros en el reyuo de Granada , con el brazo derecho desnudo, é Dios le habia guar- dado, é que assi faria con él agora». (Poio ttonr. , §. 41.) En el Cancionero de S. M. , uüm. 1 , hay una canción suya :

Decidle nuevas de mi E mirad si habrik pesar Por el placer que perdí. Contadle mi fortuna E la pena en que vivo E decid que soy esquivo Que non curo de ninguna. Que tan fermosa la vi Que m'ovicra de tornar Loco eldia que parti.

' inan de Merlo, gran justador y luchador de aqui'llos tiempos, rompió dos lanzas en

tres carreras en el Pa.so Honroso , acabó des- pués las aventuras c;iballerescas que refiere la Crónica de Don Juan 11 (pp. 338 , 343 , eál' cien de 1779), dentro y fuera de Espafta,; murió más adelante infelizmente a manos de un simple peón en una batalla entre los par- ciales de los infantes de Aragón y los del Rey á quien servia Merlo. {Crónica de Dan Jutm /i, p. 471.)— Juan de Mena lloró su desgraciada muerte en la copla i08 de la Orden de Martt.

Allf Juan de Merlo te vi con dolor. Menor vi tu fln que no vi tu medio , Mayor vi tu daño que no vi el remedio Que dio la tu muerte al tu matador. ¡ O porfloso pesUfero error ! Hados crueles, soverbios, rabiosos Que siempre robades los mas virtuosos Y perdonades la Rente peor.

En el Canc. núm. i de la biblioteca deS.M. hay una « Copla que (Izo Gómez Carrillo á Jobal^de Merlo j», en que le llama senyorpH- mo; y Merlo responde :

Sen yor primo, tu fablar Me fizo perder la silla E tomar tan anrarilla La cara, f^ mi pensar Sepodia presumir. Que tu mal pueda alcanzar A mi que quiero servir

BN tos SIGLOS XIV Y XV. XLV

(aS Alonso Dent* y Juan Pimentel*, que oompariieron con él las fatigas y ries- gos de aquel hecho singular de caballería , que apenas comprendemos ; el ter- rible justador Gonzalo de Cuadros, qué hiere gravemente en unas fiestas al de Lana, poniendo en consternación á todos los caballeros y damas de la corte ^ ; lodos en fin, porque todos eran poetas , cuando arrimada la lanza escribían sus metros y canciones, olvidaban los afectos, odios y pasiones, que en realidad los animaban y conmovían ; olvidaban las armas , las guerras y los hechos de oaballeria, para expresar en conceptos metafisicos y alambicados un amor afe- minado y bastardo. En vano se busca en estos versos el menor reflejo de la

La qve me aan qolere amar. Ni solameote escuchar...

Fernando de Guevara le dirigió también otros versos, que trae dicho Cancionero.

* HQo del mariscal Iñigo de Stüñiga , de quien bay composiciones en el Cancionero de Buena , y nieto del rey de Navarra D. Carlos {Pa$a Honr. , §. 2). Hay poesias suyas en el Ctmáonero general ^ en los MS. de la biblio- teca de S. M. , y en el de la Biblioteca Nacio- nal, (fue de su nombre es llamado CancUh- mera é^Stúñiga.

* « Era sobrino (dice la Relación del Pato

Oonroao, p. 40) del gran doctor Periañn de

Ulloa. Corrió trece carreras y rompió seis lamas. En el Cancionero ll§. núm. i, bay unos versos suyos quejándose del amor :

Foerza d*amor non sabia Todo peosé qae era jaego , De si lanzóme en tal fuego , Qae mi corazón ardia...

* D. Juan PJmentel, aunque lo pretendió, no Uegóá romper lanzas en el Paso Honroso á que asistió acompañando á Suero de Qui- ñones (|. 17). Era hijo del conde de Bena- vente D. Rodrigo Pimentel , y conde de Ma- yorga (en 1435). No menos quijotesco que Qniñones y Merlo , y f deseando ir fuera del » Reyno (dice el Comendador griego) á facer a armas con codicia de adquirir bonra é fama » aprendia con mucho estudio los ejercicios » de la guerra ; é un criado suyo llamado Pe- »dro de la Torre jugando una vez con el a la

bacfaa mandóle el Conde que jugase á todo a matar y el lo fizo y dio al Conde un golpe »con la hacha en el rostro del cual murió >• Sucedió esta desgracia en 1437. -^ Juan de Mena lloró su muerte en las coplas 188 y 189 del Orden de Marte; y Juan Agraz escribió J mismo asunto dos extensas composiciones. Ku una de ellas dice :

So vida filleaeedera Faeron veinte siete aoyos. Partir i reynos extranyos Sb deseo todo era. De levar empresa faera Por el era pabllcado. Oaró en sa buen espera Fasta dos anyos pasados.

fCmáoneen MS, sé», ij

En el C«ftrt0}i^o^^ii^al(fol.8i7,ed. 1573) se baila una letra que sacó D. Jutn Pimentel contra la del conde de Lémos. En el Cancio- nero MS. de S. M. , núm. 1 , bay varias can- ciones suyas : una de ellas comienza asi :

Cuando tu á mi oias Dar voces que me quemaba , Sábete que m'aquejaba Aquel dolor que i Maclas Piso fenecer sus días.

^f Gonzalo Quadros (dice la Crónica de Don » Alvaro de Luna , tit, 8) era uno de los ma- »yores justadores é mas valientes é punteros « que avia en la corte del Rey ; » y en las jus- Us de Valladolid de U18 « encontró á D. Al- » varo por la vista del yelmo é el roquete de

> la lanza abrió la vista , é encontróle en la

frente é con las puntas del roquete que-

brantole lodo el casco de aquella parte de »la cabeza; é comenzó á salir tanta sangre »por la vista del yelmo, que todos los para- » mentos é sobrevistas é las tranzaderas que

su amiga le habia dado fueron llenas de » sangre. E las dueñas é doncellas... comen- » zaron ¿ facer el mayor llanto del Mundo : é

> el Rey mandó cesar la justa« é ovo muy grand «pesar... é todas las justas fueron tornadas » en tristeza é desplacer. » ~ De Gonzalo Quadros bay composiciones en el Cancionero de Baena y en el MS. núm. 1 de la biblioteca deS. M.

ILVI DK LA POESÍA CASTELLANA

3rida actual y efectiva; y si no hubiera otros testimonios > creeriamos que aque- lla revuelta y turbulenta edad había sido la realización de una enamorada y fe- liz Arcadia.

¿Qué más? La misma guerra con los moros tan santa, tan popular y tan poética» y en que aquella brillante aristocracia hacia olvidar con sus" proezas y altos hechos sus altanerías y turbulencias , no arrancaba un solo acento á aquellos poetas que, al celebrar las victorias obtenidas contra los infieles, hu- bieran celebrado sus mismas glorías ó las de sus padres. Jamas se oye en sus cantos el nombre de Bernardo del Carpió , del Cid , de Fernán González , de los Infantes de Lara, de Arias Gonzalo , ni de ningún otro de los guerreros caste- llanos : en cambio se eleva hasta las nubes , y adquiere una celebridad porten- tosa el enamorado Maclas , victima de su pasión * ; y los desgraciados amores de Rodríguez del Padrón, y su canción en despedida de su amiga, se hacen tan célebres como pudiera haberlo sido la mayor empresa ó haza&a *.

I Qué contraste I Mientras asi olvidan los altos hechos de su patría los poetas arístocrát^cos y cortesanos; los poetas populares, que ni eran caballeros, ni trataban las armas , ni se mezclaban en las empresas de la guerra, son los que en sus cantos y romances celebran los combates y victorias contra los iíBeles, los que enaltecen las empresas de la caballería, y los que crean un renombre inmortal á los heroicos defensores de su patria.

La liistoría nacional vive y palpita todavía en esta poesía ; y todas nuestras glorías, todas nuestras tradiciones, toda nuestra ríacionalidad , en fin, se ha- lla consignada en aquellos vigorosos y sencillos poemas. Por eso se leen cada vez con m^ interés y aprecio ; al paso que la poesía de los Cancioneros solo excita la atención de los que la estudian como un hecho social de una época determinada.

* No so puede formar una verdailera idea Onescfau peno partipndo de la celebridad de Macías, sino conociendo Won espero que jamas losCaDcionerosMMS. y viendoel gran numero ''« "^^^ "'" "^ ''^™* '

de composiciones en que se le celebra y en- la pone G. Sanche/, de Badajoz en boca de salza. Los testimonios recogidos por D. To- J. Rodrigaez en el infierno de amor. La co- mas Sancbez , el P. Sarmiento y otros erudl- mentaron y glosaron en el siglo xv Luis Cas- tos son casi nada comparados con los que se tillo (fol. cccxxxvin del Cancionero general) y pudieran reunir. otro poeta anónimo (fol. ccclxxix) , y en el x vi

* Véase esta canción en el Cancionero gene- la glosó todavía el Dr. Ramirez Pagan , en su rai, fol. CCCLXXIX, en la ri06 del Cancionero de Floresta de varia poesía , fol. z.vt. K\ autor del Baena , y más extensamente en la Vida de Diálogo de las lenguas también la cita como J. Rodríguez del Padrón , tomada de an anti- autoridad, p. i07. Finalmente, el poeta Bur- guo códice que publiqué en la Revista Ma- guillos , el verdadero , no Lope de Vega , la drid de noviembre de 1839. Esla canclon« glosó en una composición que con otras mu- quya más celebrada copla es la siguiente : chas , y romances de este casi desconocido

Viva leda si podras, poeta, se halla en un códice manuscrito de

E ion penes atendiendo Poesías carias de la biblioteca de S. M.

I

I

KK IOS MINIOS XIV 1 KV. t|.vn

Excusado es dtícir que aHiablíU' asi de la poesía erudita y de ^a índole * ca- r&ctpr. nu es mi ¿uiino lucluir eii esta espede de censura algunüs obras do ob- jeto mis elevado j de filan mis extensu. Debemos sobre tudo exceptuar las Trescientas de Juan de Mena, en que este insigne poeta celebró tos hechos y los hombres nulabtesdesu tiempo, censurr)& los fautores de discordias, excitó ¿ la ^erra sauta contra las inlteles , y djó graves lecciones de moralidad y de patriotismo á sus contemporáneos '. Mi objeto aliora es hacer notar la índole gtueral de la poesía erudita y corlcsana de los Cancioneros . sin hacer cuenta de honrosas excepciones : después descenderé A mus detalles y pormenores.

Porque en realidad es un Tenómeno singular y extraño que de todos los afec- tos, de todos los sentimientos y pasiones de aquella época caballeresca y guer- rera, solo el amor haya sido casi siempre el objeto de los cantos de [luestros paladines , y no el ami>r heroico y elevado de los romances y libros de caballe- ría , cuyo espíritu animaba y agitaba á la sociedad , sino el amor galante . tierno, afectado y metansico de los salones y saraos. El amor caballeresco eiuioblecia el Animo y le levantaría á grandes empresas. Las damas eran una especie de deidades que gniaban al caballero que las servia , & la consumación de heroicas hazañas y aventuras ; su nombre era invocado en los trances más apurados de .las armas , y á ellas se consagraban lo? trnleos del rencedor, y se ofrecía el rendimiento del vencido y la gratitud de Ins protegidos 6 rescatados.

E) amor de la poesía cortesana apianas tenia género alguno de contacto con ei que acabo de indicar: quejas y lamentaciones de la crueldad de la dama i qnien se dirigiao . elogios de su hermosnra . protestas de lidelidad y constancia. y pinturas y descripciones de las penas y dolores que por ella se sufrian , eran el fondo perenne y constante de estas composiciones ; y todo escrito con una sutileza tal de conceptos, una metaUsia de sentimientos, y una tan arttüciosa y simétrica combinación de frases y periodos , que con dificultad puede creerse que este amor haya podido ser inspirado por aquel espíritu impetuoso y caba- lleresco, que con tan diferentes acentos se explica y desfoga en ios romances populares y en los libros de la andante caballería. Era en mi concepto una de-

Véase, «nlre otros pasajes i\ut puilierar ciurie, el siguiente, en que cundena lasdis- eordUs civiles j etdta a h goeira ronln los infieles de Granada :

O tfnaosi, niiDllu tarm. RiU lisqBMCIIisraticnpdFbrlin. El U . 4o 1a> nurílriía nnrlinilii titlin Por pOrU n> lo* Firlox ; lini «o Ie liriri EiU.do liluti (rucl BDiK> yertii. MI trae Is iiBfn ttitet Ae gifitain .

AunquF <(ulfii lienc t la na itraht No iIfiici larite par Urde que leap. Pan ng srilllilr yi miinl dflengi. Ilaym entldli de ouralra tleloha l.iit HcTiioa vRElnoa j no Ion» liona De uutsira discordli nt)ar tie tosbenp,

(Cap. lU < lU. omn Hurí

I

XLVUI DE LA POESU CASTELLANA

viacioD de este mismo espíritu, «una via nueva abierta & la manifestación del amor; el principio, en fin, de una literatura y de una poesía que pugnaban por desasirse de la rudeza de la época.y de lo violento y an&rquico del régimen so- cial que & la sazón predominaba.

En medio de la fuerza material y del feudalismo que por todas partes se presentaba en su brillantez poética unas veces , otras con su terrible realidad , los ánimos generosos parece que se transportaban con placer ¿ una región ideal donde no existiesen más que las luchas del sentimiento y del espiriru, y en que desapareciesen completamente los privilegios y fueros de la fuerza, aun de la más legitima. La literatura , la poesía sobre todo, quizas no ganaban mucho en esta completa separación de la vida real y efectiva , en este nuevo giro dado á las ideas : quien ganaba indudablemente era la sociedad , era la civilización.

Pero esta inspiración poética tan digna de examen bajo el punto de vista que dejo indicado, ¿era fruto y producción espontánea de nuestro suelo y de nues- tra sociedad , ó era una mera importación de ideas y de sentimientos extraños? Esta cuestión , que se enlaza naturalmente con el examen de la influencia que ejercieron en nuestra poesía los provénzales, los árabes y aun otros pueblos de la Península, merece que le consagremos algunos instantes.

Generalmente se ha creido que nuestra poesía erudita y cortesana era en aquella sazón una mera imitación de la provenzal ó lemosina , que aparece ha- ber sido la primera que se ostentó con cierta perfección , gala y lozanía ha- blando el romance vulgar. Esta opinión muy acreditada en algún tiempo es hoy impugnada por muchos, y á mi ver con muy fundadas razones. No niego yo la influencia; lo que sostengo es que esta no ha sido ni tanta ni tan grande como se ha querido suponer.

Lo^ trovadores y poetas lemosines debieron necesariamente ejercer una más ó menos extensa influencia en el desarrollo de la poesía castellana por varías causas. Por de pronto fueron los primeros que cultivaron la poesía en una len- gua ó romance vulgar, con cierto éxito y brillantez ; y los que abren una nueva carrera tienen siempre una tan justa como natural influencia sobre los que vienen en pos de ellos. Por otra parte, aunque aquellos trovadores se suelen lla- mar por excelencia provénzales, sabido es que la lengua que hablaban y en que escribían sus celebradas composiciones era la común y vulgar en una gran parte de la España, y que españoles eran ademas gran número de estos mismos trovadores*. La poesía lemosina floreció principalmente en la corte y bajo la

* aqui una lista de \o% trovadores pro- Alfonso H , rey de Aragón ; Hugo de Matapla- ▼eniales , catalanes j aragoneses qne cita Mi- na ; Guillermo Bergueda ; Ramón Berenguel, Ilot en su Biitoire iiter. áet Iroubadours : quinto conde de Proveiiza; la Condesa so mu-

BN LOS SIGLOS XIV Y XT. XLIX

preteocíon y tutela de los Berengueles . principes españoles que tenian su re- sidencia principal en la populosa y opulenta Barcelona ; con cuya riqueza, ilus- tración y cultura, en vano trataria de competir ninguna ciudad de sus domi- nios al otro lado del Pirineo. Barcelona era en estos tiempos uno de los mas celebrados emporios del Mediterráneo ; sus leyes y disposiciones marítimas consignadas en el célebre Cotuuladodel mar fueron solemnemente recibidas por todos los pueblos comerciantes y navegantes en aquellos mares , y su puerto era frecuentado pov las naves de todas las naciones cultas y civilizadas. Los cas- teDanos por su proximidad y por sus grandes relaciones y enlaces con los do- minios de Cataluña, Aragón y Valencia, seguian un comercio y comunicación . frecuentísimos con los paises en que se hablaba la lengua catalana ó lemosina; y ÜLCil es calcular bajo estos datos la influencia que pudo y debió ejercer en él desarrollo de nuestra poesía nacional el ejemplo , la fama y nombradla de la gaya ciencia provenzal.

Pero todavía no bastasen estas pruebas congeturales , la historia literaria las presenta muy convincentes y directas para establecer como un hecho in- ooncuso las relaciones de los trovadores provenzales con la corte de Castilla, y la aceptación y aplauso que en ella encontraban.

Era la corte de Ci^tilla una de las más celebradas en aquellos tiempos por su cultura, su magnificencia y su esplendor. El emperador- Federico Bari)a- roja, al señalar en unos muy conocidos y notabilísimos vepsos, aquello en que más principalmente sobresalia cada nación en la época en que escribía , al m\^ mo tiempo que entre los caballeros prefiere á los franceses, entre las mujeres á las catalanas , entre los poetas á los provenzales etc. , entre las cortes de los Reyes da la preferencia á la de Castilla ^ Testimonio insigne que acredita lo

icr, Gíraldo Cabrera; D. Fadrique , rey de Si- « Plasmí cabalicr francés , .

cflia ; el conde de Aroparias ; GaUlermo de ^ la donna catalana .

Mor; Pedro «I , re, de Aragón ; H,mon Vidal | ^^^ ^^^;;^

de Bésalo; Gerven de Gerona; Blacas y algún ton cantar proveníale!.

otro qne no recuerdo. A estos hay que agre- £ ,j, ¿j„„ trevisana ,

gar al Maestro Guillermo, autor de Crónica e ion corpa aragonei ,

de loi albigetuei, publicada eo 1858 por el le- E la perla Juliana ,

gaurio de M. Raynonard (Lexique Román. Las mans e kara ePAngtes,

Nouveau choix des poes. des troubad. , t. i , E ion doncel de Tuscana.

p. 225). El autor de esta importante compo- Estos versos, publicados por primera vei

sidon era natural de Tudela , en Navarra , se- por César Nostradamus en su Historia pro-

gun él mismo nos dice en la introducción de venzal, p. 132 , fueron compuestos en 1154,

su poema : habiendo encontrado el Emperador en Turin

En nom del Payre e del Sant Esperít * ^^*^" Berenguer , segundo conde de Pro-

Comensa la cansos qae maestre Goilbem flt ; ^^"" ' '* "" ^^ Barcelona. El Conde es-

Us deres qai fo en Navarra , á Todela noirii , ^> acompañado de un gran número de poe-

Pols vint á MoBialba , si eim l'bestoria dii us provenzales y catalanes, que eran casi todos

SI estet oaie ans , al doUe 's'en issit... los primeros señores de su corte : los cuales

9

L- DE. LA poesía CASTELLANA

que acabo de exponer, y que aun puede dar margen á otras no menos impor* tantes consideraciones.

k esta corte espléndida y hospitalaria . en que la poesía estaba ya en tanta honra y estimación que se admitía á los juglares en titulo de tales á firmar los instrumentos públicos con los grandes y prelados*, y en que se señalaban tier- ras & los compositores de romances en los repartimientos de lo ganado & los moros , se acogieron muchos trovadores provenzales , y fueron en ella favora- blemente recibidos y agasajados. Las memorias antiguas y la^ mismas com- posiciones de los trovadores dan testimonio de que en los reinados de Al- fonso Yin, de Alfonso IX de León, de S. Femando y de Alfonso el Sabio, la corte de Castilla era ya muy concurrida por aquellos poetas, y estaba con ellos en grandes relaciones. Giraud de Borneil manifiesta en sus versos dirigidos á Al- fonso IX y á su hijo S. Fernando, haber residido en Castilla*. Giraud de Ca- lanson escribe una composición ¿la iiiuerte del infante D. Fernando de Castilla, hijo de Alfonso YIII y de Leonor de Inglaterra'; Guillermo de Adhemar * y Ramón Vidal de Besalu ^ dirigen al mismo rey Alfonso grandes elogios ; y el célebre y extravagante trovador Pedro Vidal no solo estuvo en la corte de aquel rey cuya esplendidez elogia y ensalza , sino que escribió en ella la No- vela que inserta Millot y en la que se contienen aquellas alabanzas ^ Lo mis- mo respectivamente sucedió en tiempo de S. Fernando, que tanto «se pagaba de los que trovaban bien , y tan entendido era en quien lo facia bien é quien non)>, según el testimonio de su mismo hijo.

Pero cuando los trovadores provenzales frecuentaron más la corte de Castilla fué en el reinado de Alfonso el Sabio, de aquel hombre extraordinario que fo- mentó y cultivó con éxito todos los ramos del s^ber en un siglo de ignorancia y de tinieblas. Según se ve en la «Historia literaria de los trovadores» , fueron muchos los que entonces vinieron á Castilla buscando la protección y los aplau- sos de la corte del Rey Sabio , y mucho más aun tos que le elogiaron y ensal- zaron en sus versos. Folquet de Lunel , Hugo de TEscure, Bertrand Carbo- nell, Raimundo Castelnau , Guillermo de MontagnaFont, Giraud Riquier y otros muchos, compusieron en su elogio versos qne aun se conservan \ Nat de

&e lal manera agradaron al Emperador con la Grma de varios señores , la siguiente : Pa-

sus armoniosos versos, que Federico res- Uea, Juglar, confirmad

pondió i sus alabanzas y cumplimientos CODH ' Millot , Hist. lit. des troub. , t. ii» p. 8.

poniendo los versos que dejo citados. (Sis- ^ Id. , id. , t. ii, p. 29.

mondi , De la lillérature du midi de CEurapc* ^ Id. , id. , t. ii , p. 505.

1. 1 « p. 66. Gapmani , Comercio anliguo de ^ Id. , id. , t. n , p. 288.

Barcelona . t. ii, ap. v , p. 8.) « Id. , id. , t. ii , p. 297.

* Kn un instrumento de 4156. que cita la ^ Id., id., t. ii, pp. 158, 202, 458; t. iii,

Paleografía esp. , p. 100 , se halla, después de pp. 79 , 405 , 529.

., EN LOS SIGLOS XIV T XV, LI

Mons ie dirigió unas preguntas en metro sobre la tnQuencia de los astros , y existe aun la respuesta que se asegura se dignó darle el Rey \ \imerí de Pe* guilain, fugitivo de Tolosa» se refugia á Cataluña en casa de Guillermo Bergue- dan» caballero catalán y gran trovador él mismo, el que le acoge y ¡regala» y la presenta después al rey de Castilla que le colma de dones y mercedes y provee 4 su seguridad^. Marcabrés, hallándose en la misma corte, dirige al Rey unos versos excitándole á la guerra contra los infieles ' Aimeri de Belenvei nos dice en sus versos , qu^ pasó alegres dias en Castilla , que ha dejado aquel pais con gran pesar y que en él compuso hermosas canciones que agradaron mucho á aquel rey a tan aficionado , dice , como su abuelo á los buenos y hermosos decires, y á los grandes hechos y empresas» ^. Bonifacio Calvi, noble genoves, aunque trovador provenzal , huyendo de su patria se refugia en la corte del Rey Sabio , cuyo favor llega ¿ alcanzar hasta eUpunto de crearse envidiosos entre los cortesanos '. En sus canciones exhorta al Rey unas veces al amor» otras á los combates y otras ensalza el favor que aquel monarca prestaba á la poesía. «Si las canbiones, dice, y la alegría existen aun en el mundo es solo por la pro- teccioir que el rey Alfonso les dispensa : si no fuera por él ya estarian del todo olvidadas»*. Finalmente, conocida es la célebre recuesta que dirigió á este mo- narca el trovador ó juglar Giraud Riquier, en ^nombre de los demás juglares, dejándose de que músicos y bufones sin principios ni talento tomaban aquel titulo, y ocupaban el Ingar y usurpaban la legitima recompensa de los verdade- ros miembros de la juglaría; y conocida también la recuesta que se supone haberle dado el mismo D. Alfonso. Giraud Riquier apela, para remediar aquel mal, k la autoridad y & la ciencia del Rey Sabio ; y entre otras cosas que hacen menos á mi actual propósito, le dice : ciPero ¿ vos. Señor, valiente y pode- «roso Rey, que tenéis toda la autoridad, todo el discernimiento y saber para «corregir un tan pernicioso desorden, á vos toca mejor que á otro ninguno » obrar en esto como un gran monarca; á vos, que reináis en Castilla donde la »juglaria y la ciencia han encontrado en todos tiempos más protección que en «ninguna otra corte ; á vos, que en este punto sois tan celebrado como en los )>demas, y que lleváis un tan hermoso dictado (el de Sabio), corresponde em- »prender esta reforma : lo que vos ordenéis será por todos obedecido', v Excusado me parece alegar más hechos, para probar que los trovadores pro-

< U\\\oí,Hisi. /i/.tf4?«/r0ji^,t.ii,pp.189y 103. ' Id. ,1(1., t. II, |). 355. Md., id., l. II, p. 255. * Id., id., 1. II, p. 336. » Id., id. , l. II, p. ."567. Tirubostlii , Sto- ria delta let. UaL, t. iv , p. 287.

A En quer cab sai chant é solatz

Pos los man\é lo Reís N 'Anfós.

Mas si per lai tot sol no fos

Ja'ls agron del tot oblidatz. fSouieau choix df« poet. de$ trouh. , 1. 1, p. 47$.)

' T. III , pp. 3."0 á áíiS.

LlI DE LA POESÍA CASTELLANA

veuzales fueron conocidos , celebrados y favorecidos en gran manera en la corte de Castilla, desde principios y aun antes del siglo xm, y que por lo mismo tu- vieron ocasión de haber ejercido más ó menos influencia en el desarrollo de la .poesía nacional , en los reinados de D. Alfonso el Noble» S. Fernando y D. Al- fonso el Sabio.

Pero la época de los trovadores provenzales y de su brillante existencia des- apareció precisamente por este tiempo. La guerra de los albigenses, civil 4 la vez y religiosa^ vino á turbar la feliz tranquilidad d^que hablan gozado aquellas regiones durante varios siglos, y ¿ precipitar sobre ellos todo género de calamidades. El estado social que había dado ocasión y origen con su forma y circunstancias particulares á la existencia de los trovadores, fué completa y violentamente trastornado. Aquel feudalismo suave y templado de los señores de castillos y lugares que, en lajpaz de que gozaban , ios llevaba á ocuparse principalmente de amor y de poesía, de fiestas y de saraos, desapareció bajo la rígida y violenta dominación del jefe del partido católico Simón de Monfort ; y los trovadores fueron por la mayor parte el blanco del celo y del odio de sus exaltados secuaces. Muchos de los trovadores hablan incurrido en lo9 errores de que se culpaba á los albingeses ; los más hablan tomado las armas contra la cruzada predicada contra ellos, y cuando sucumbió la causa que defendían,

0

puede decirse que pereció la poesía y la gaya ciencia pro venzal. Cuanto despfles se hizo para reavivar la apagada luz , fué inútil é ineficaz : los Juegos Florales , * el Consistorio del g^ saber j los mantenedores del colegio de Tolosa , demos- traron con sus estériles esfuerzos esta triste verdad ; y la poesía lemosina, si en lo sucesivo brilló todavía con algún destello de su luz primitiva , no fué ya en la Provenza, sino en Valencia y Catalu&a, y cuando lejos de aspirar á influir sobre la poesía de Castilla , se sometía por el contrario al influjo de su ejemplo, y su- cumbía completamente poco después, espirando en brazos de la musa casteUana. La influencia, por lo mismo, de la poesía provenzal en la de Castilla solo pudo ejercerse en la época brillante de los antiguos trovadores : es decir, hasta el reinado de D. Alfonso el Sabio; en los reinados sucesivos no se vuelven á pre* sentar los trovadores, si alguno existia, la corte de Castilla ; á lo menos no ha quedado de ello memoria alguna que haya llegado á mi noticia. Pero podrá decirse tal vez, que si ellos no vinieron , sus obras serian conocidas y leidas en Castilla ; mas todo induce á creer lo contrario. No sabemos que se'haya encon- trado en Castilla un solo códice de poesías lemosinas de la época de los trova- dores , y todavía en el siglo xv, el mismo marqués de Santillana, al hacer men- ción de la poesía provenzal en su celebrada carta al Condestable de Portugal, no cita á otro trovador más que á Arnaldo Daniel, á quien tal vez conocerla por

BX LOS SIGLOS XIV T XT. Lllf

1o8 elogtos que de <d iiace el Petrarca, y al bolopes Guido JanoDcello ; p^D con* feeaodo que de ninguno de ellos habia visto obrealguna\

Por otra parte, ¿dónde están las señales de la influencia que se pretende en la poesía castellana de los reinados de Alfonso el Sabio , Sanobo el Bravo, Fer- nando lY /Alfonso el Onceno? ¿Se pretenderá acaso bailar las buellas de la imitación iemosina, en el poema del Cid , en la Cn)nica rimada, en los libros de Alejandro , de Apolonio , de José y de Fernán González , en las obras de Berc^, del Beneficiado de Ubeda, y del canciller Pero López de Ayala? Nin- guna de estas composiciones , ni por el fondo de las ideas , ni por la forma de la versificación y de la rima, permite sospechar siquiera que sus^utores se hu- biesen propuesto imitar á los poetas y trovadores provenzales. Un espíritu en- teramente diverso, un espíritu enteramente nacional y, por decirlo asi, caste- llano, brilla en todas éllás , puro y sin mezcla en las más ; en las otras modi- ficado por el espíritu religioso y por el de la antigüedad, entendida como se entendía en la edad media y vemos en el libro de Alejandro y en el de Apolonio. Bien puede asegurarse , por lo mismo , que en este ramo de la poesía nacional ninguna influencia visible ni notable pudo ejercer la provenzal ó lemosina.

No me atreveré á decir otro tanto de la poesía cortesana , que forma la base principal de nuestros Cancioneros : en esta clase de composiciones me parece que no se puede desconocer el influjo más ó menos directo de la imitación le- mosina, sobre todo en las formas exteriores de la rima y de las combinaciones métricas.

Yo no creo que la rima haya sido introducida en las leguas vulgares por los provenzales, pues muchos siglos antes que ellos la usasen era muy conocida y frecuente en las composiciones que aun se escríbian en tattin , y del latin debie- ron tomarla los primeros poetas vulgares , lo mismo en la Provenza que en Castilla y otras partes *. Pero no puede negarse qué si los lemosines no inven- taron la rima ni las combinaciones métricas modernas , las llevaron sin embargo á un grado tal de perfección y de primor, que por necesidad debieron ser imi- tados por los que en otras lenguas componían decires y canciones. No tengo

Sanchex, Paes, ant., 1. 1, p. uv.

* Caando se fué perdiendo entre los pue- blos romano-bárbaros la verdadera pronun- ciación latina , dejó naturalmente de perci- birse la armonía y cadencia de los versos es- critos según la antigua prosodia , y se busca- ron otros medios de estructura y de armonía poéticas. Entonces se hizo común y general el uso de la rima , conocido muy de antiguo, pero menospreciado como un defecto qufle al-

teraba la armonía y cadencia de los verdade- ros versos latinos. Fácil sería hacer sobre esto una larga disertación , prestándose á ello de suyo la materia; pero sin tratar de indagar el origeq y procedencia de la sima , basta á mi propósito que esta estuviese ya usada gene- ralmente y en gran boga antes de que se es- cribiesen yersos ni canciones en ninguna de las lenguas modernas , inclusa la provenzal.

J-

ilV DE LA poesía CASTELLANA

por io mismo dificultad en creer que las Cantigas que aun se conservan del rey D. Alfonso el Sabio, escritas en gallego , sean en cuanto & la forma una imita- ción lemosina , y que tal vez pueda decirse lo mismo de los versos de Habi don Santo ^ de la Crónica atribuida & D. Alfonso el Onceno, y de algunos de los muchos géneros de composiciones que se hallan en las obras del festivo y facun- do Arcipreste de Hita*. Tampoco negaré que introducidas de este modo las com- binaciones métricas venidas de Provenza, las hayan adoptado sin saber siquiera su origen los trovadores y poetas cortesanos que florecieron en los siglos^iv y XV , y cuyas composiciones llenan nuestros Cancioneros impresos y manuscri- tos : asi como adoptaron los versos de arte mayor y del arte común , es decir, de doce y ocho silabas , inventados, según el marqués de Santillana, en los reinos de Galicia y Portugal , y los alejandrinos de catorce silabas, tomados, según se dice, del poeta francés que escribió el Poema de AÍtjbndro. Pero creo también que, en todo caso, á poco más que á esto está reducida la influencia de la poesía provenzal en la castellana de que vamos hablando.

Porque si de las formas exterioras del metro y de la rima pasamos al fondo de las composiciones , entonces necesario es reconocer que es muy poco en lo que se parecen una y otra poesía, fuera de aquello que as gtneral y común á toda* clase de obras poéticas. Para demostrar esta verdad no me valdré de cali- flcacionas hechas al intento , sino de las de aquellos mismos que han creído y sostenido que nuestra poesía era hija de la lemosina. «¿Qué eran los trovado* res?» se pregunta á si mismo uno de ellos'. «Hombres de guerra en su mayor » parte, se responde ; algunos señores de castillos y otras personas de ingenio y » talento, según el espíritu del tiempo, los cuales animados por la naturaleza ar- »moniosa de los meridionales , favorecidos por una lengua sonora y metálica , y

* Los versos do \X\\h\ 1). Sunto acaban üe ser publicados por Ticknor en el apéndice ni de su Hist. ofspanish litlerat.

^ Sánchez, al publicar las obras del Arci^ preste de Hita, hizo ya notar la gran variedad de metros de que usó en sus composiciones; pero desconoció otros muchos por el modo con que estaban escritos los versos. Ya he- mos visto que el Arcipreste usó del verso oc- tosílabo de los romances , y en sus Cánticas de ierrana y en otras composiciones, aunque impresas como versos largos , he encontrado machas combinaciones de versos cortos muy notables. Véanse las cánticas que comienzan con las coplas 953 , 061 , 071 , etc. ; oración á la Virgen, copla lOáO; la pasión de nuestro Señor Jesucristo , copla 1023 , y otros muchos

pasajes. aquí cómo comienza este último

Miércoles i tercia El cuerpo de Cbristo Jnde^ lo aprecia , B si'bora íue visto Quan poco lo precia Al tu hijo quisto Judas el qu'l'vendió, su discípulo traidor.

Por treinta dineros Fue el vendlmiento , Que l'caen sefleros Del noble ungüento. Fueron plasenteros Del pleileamiento Dieronle algo al falso vendedor, etc.

3 Villcmain, Tablea u dumoyenage, pre« miére le^on.

ktpotí elocuencia y racuridia el pensainíentu popular, ya atacaban ó íkcciebraban i>ii sus caocinnesá los seíioros de la$ cercuntus, yu los invitahan & *la paz, ya los excitaban ii alistarse enlasoruzadas, y & veces también insulta- B A todas las potestades del tlstado y de la l^esía. La poesía provenzal era. [ppor decirlo asi , la libertad de imprenta de los tiempos feudales ; libertad m&s Sapera, más atrevida y minos reprimida que la nuestra. Pudiera eilar de esto. [iBContiDCia elcscrilor que voy copiando, ejemplos verdaderamente iucreihies. gwenidito Rayiiouard ha reproducido algunos en su estimable colección de pon- islas provenzales, pero hay otros muehos delante de los cuales luvo <pie dete- 'iiiieise por una especie de discreción y de reserva que se retrotraía a seis siglos

' nmás atrás Cuando se llegauá comprender estos curiosos documentos, se

«encuentran en ellos lesiiros de facundia y de ingeniosa vivacidad , y se admira »lo atrevidode unas oanaoiies tan libres, que esparcían por todas partes la ale-

I»gr1a. la sátira y el insulto, h ¿Quilín verá en esta descripción de la Índole de la poesía provenzal el menor l^astro de semejanza con nuestra poesía cortesana . con la poesía de los Cancio- Deros? Me parece que es difícil encontrar dos cosas más diferentes y opueslas. Y la razón es palpable si consideramos el estado de las dos sociedades y de los dos pueblos. La Provenza gozO de largos periodos de tranquilidad y de sosiego bajo el suave mando de los lierengueles . y pudo entregarse libremente á los solaces de la paz , de la libertad y de la poesía . y $ los sentimientos propíos de sn fe- liz situación. Castilla, á la guerra constante con los moros, añadió las revuel- tas y turbulencias interiores de los reinados de Alfonso X , de Alfonso XI , de [). Pedro el Cruel, de Juan II y de Enrique IV; y adquirió en estas lides y cíim- tiates la dureza, la elevación, y si se quiere la altanería que en toda su his- toria la distinguen. El temple de los ánimos, el estado di^ la sociedad y de las costumbres, eran por lo mismo muy diferentes. Allí libres y osados, basta el

punto de dar origen A la secta disidente y herética de los albigenses ; aquí ca- tólicos puros y fervientes, y sumisos á la autoridad de la Iglesia. Allí poco con- tenidos por la escasa autoridad de tos señores feudales ; aqui amoldados & la imponente autoridad de una corte brillante y ostentosa ciertamente , pero gra- ve, circunspecta y llena siempre de varones respetables y prelados, y & cuya imagen y semejanza se modelaban las de los grandes señores y caballeros prin- Loipales, Los trovadores y poetas castellanos, que aspiraban á brillar en estas ftcortes, tenían por necesidad que acomodarse al carácter grave, severo y cir- ■eunspento de los caballeros y de las damas que las formaban. L} pasión misma I del amor, objeto de la mayor parte desús composiciones, para ser admitida y

LVI DE LA rOESlA CASTBLLálU

tolerada por aquellos pundonorosos catMÜleros y por aquellas graves malronas» tn?o necesidad de revestirse dejormas respetuosas, elevadas y platónicas, y en* cerrarse en generalidades frías y abstractas ; bien al contrario de las composicio- nes de ios trovadores, en que Uky más pasión, más sentimiento y también más licencia y sensualidad. El trovador provenzal, siguiendo la libertad de co&- tambres del pais en que escríbia, no ocultaba el objeto de su amor, aunque este amor fuese culpable y criminal, ni las mudanzas y vicisitudes de su pa- sión ; y sus canciones por lo mismo están marcadas con un sello de verdad históríca y de actualidad que en vano se buscaría en los cantos ingeniosos y metalsicos de nuestros poetas cortesanos. Bajo este punto de vista tienen nuestras composiciones mucha más analogía con la poesía del Petrarca y los de su escuela, y con la de los poetas catalanes y valencianos de la época. pos- terior. Juzgo excusado detenerme más en este punto, que pudiera dar lugar á largas consideraciones : con lo dicho hasta en mi concepto para desvanecer la opinión de los que sostienen que nuestra poesía cortesana no era más que una mera imitación de la provenzal , y para convencerse de que no podemos bus- car en esta imitación el origen de la índole y carácter peculiar que hemos des- crito más arriba.

No ha faltado tampoco quien haya creído que nuestra poesía había imitado á la de los árabes, no solo en el fondo de las ideas y pensamientos, sino en la misma forma métrica y en la rima. Conde supone que nuestros romances son una simple y sencilla imitación de los versos arábigos de diez y seis silabas con la cesura en medio S y su opinión ha sido admitida casi generalmente. Otros adelantaron más : supusieron que no solo la versiñcacion , sino el fondo de las ideas, eran tomadas en gran parte de los árabes , y principalmente aquel tinte oriental que se descubre en muchos de nuestros poemas. Los españoles , de- cían , han tomado de los árabes, sus compatriotas, la mayor parte de sus co- nocimientos en las ciencias : ¿ cómo no habrían hecho lo mismo en la poesía?. . .

Podía esta opinión, en la extensión sobre todo que algunos le dieron, pare- cer más ó menos conforme á los hechos, y más ó menos exagerada la influencia que se atribuía á los moros; pero de la existencia de este influjo mayor ó me- nor, nadie parecía abrigar hasta ahora la menor duda, cuando últimamente se ha venido á negar completamente, y á sostenerse la imposibilidad de que haya podido existir. Según esta opinión que acaba de esforzar el orientalista M. A. Dozy en sus eruditas Investigaciones sobre la Historia política y literaria de España, «la poesía árabe española, clásica en cuanto imitaba á los antiguos modelos, ab^^daba en imágenes tomadas de la vida del desierto , ininteligi-

t Conde , HUt, de la dom. délos árabti^ t.i, prólogo.

BN LOS SltiLOS XIV Y IV. LVII

)i bles & la masa del pueblo, y con mayoría de razón á los extranjeros : la len- »gua poAtíoa era una lengua muerta, que los árabes no comprendían ni escri- » bian sino después de haber estudiado por mucho tiempo y muy formalmente » los antiguos poemas; y aun asi se equivocaban muchas veces en el empleo » 7 significación de las voces. Hija de los palacios, esta poesía no se dirigía al » pueblo, sino únicamente á los hombres instruidos, á los grandes y á los prln- » cipes. ¿Cómo pues una poesía tan erudita pudo haber servido de modelo á »lo6 humildes é ignorantes juglares castellanos?... Por otra parte, continúa » Dozy, nada justifica la opinión que impugno : la versificación y la poesía es- » panelas no pueden traerse á cuento por el solo hecho de que la poesía espa- » ñola es popular y narrativa, y la poesía árabe artística, aristocrática y lírica. » Yo no niego (añade) que los pueblos romanos hayan tomado muchas de sus » novelas, de sus apólogos etc., de los árabes, ni que estos hayan ejercido » una grande infiuencia sobre las ciencias. Yo solo hablo de la poesía ; la len- Ngua de las novelas y de las obras científicas era la lengua ordinaria

Dejemos á los entendidos en la lengua árabe el comprobar la exactitud de los hechos y aserciones alegados por este erudito escritor : hechos y aserciones que tan en contradicción están con los que otros orientalistas han sostenido basta ahora; démoslos, á mayor abundamiento, por ciertos y exactos : ¿qué se inferirla de aqui? Que poesía erudita y clásica de los árabes, la que era hija de los palacios y solo se dirigía á los hombres instruidos y á los grandes señores, no ha podido prestarse á la imitación de los juglares y trovadores es- pañoles. Pero ¿podrá desconocer el erudito que impugno que los árabes del. pueblo , que los árabes que no entendían la antigua lei%ua poética , que la gran mayoría, en fin, del pueblo moro tendría por necesidad una poesía popu- lar en el lenguaje común, y que en este lenguaje compondría sus versos y can- ciones ? Cuanto más se exagere la separación de la lengua clásica de la poesía árabe, del lenguaje vulgar , más probable, más necesaria se hace la existencia de una poesía común y popular. De lo contrario serla preciso suponer que pudo existir un pueblo sin cantos y narraciones poéticas á su alcance, y que este fenómeno inconcebible se verificaba entre los árabes españoles, uno de los pueblos de más imaginación poética que han existido. Si quizase dijese que estos cantos populares no se han consenado ni existen en el dia, considérese que es propio de esta especie de composiciones el trasmitirse y conservarse por la tra- dición oral, sin consignarse por escríto como la poesía erudita, y que esto mis- mo ha sucedido con nuestra poesía popular, con nuestros romances. Si la in- vención de la imprenta no hubiera proporcionado el medio de conservarlos en

* T. I , pp. 60Q y siguientes. '

LVín DK LA POEStA CASTELLANA

ios Romanceros, quusá hoy no tendríamos sino muy pocos de estos numerosos poemas; y de seguro no tendríamos ninguno si al Qnal del siglo xv hubiera su- frido la nación castellana la suerte de los árabes : si hubiera sido expulsada de sus antiguas mansiones, si hubiera perdido su nacionalidad, y hubiera, en fin, desaparecido tan completamente como han desaparecido los árabes españoles.

Pero ademas de esta conjetura sobre lo existencia de^ una poesía popular entre los árabes, hay de ello algunas pruebas directas. Argote de Molina ' nos testifica que en su tiempo , es decir, á mediados del siglo xvi , todavía se oía cantar á los moriscos de Granada , últimos restos de aquel culto é ilustrado pueblo, cantares lastimeros sóbrela pérdida de su tierra; y estos cantares por necesidad debian estar escritos en lengua inteligible á los que con ellos tra- taban de aliviar su dolor. En igual lenguaje debieron estar escritos los versos que, según el relato de la Crónica general *, recitó desde una torre de Valen- cia un moro sabio cuando el Cid la tenia cercada , anunciando al pueblo la próxima perdición de la ciudad ; porque no se concibe que el moro sabio se tomase aquella molestia, no habiendo de ser entendido sino por poquísimos de aquellos á quienes se dirigia.

Por otra parte, consta que los moros eran tan aficionados á trovar, que no solo lo hacian en su lengua, sino en la nuestra. El autor del poema castellano y narrativo de José no puede dudarse de que era moro, no solo porque los ver- sos están escrítos en caracteres arábigos, sino porque el José que nos desoríbe no es el de la Biblia , sino el del Koran ; y de la misma nación era el maestro Mahomat el Xartosse , de Guadalajara , del que hay composiciones en el Can- cionero de Baena * , ^ quizá concurre á establecer la aserción que sostengo el hecho de la Jnglara mora con quien se casó nuestro trovador Jerena, según vemos en el mismo Cancionero *.

Si existia pues una poesía árabe popular; si tenian, como yo creo, cantores populares ó juglares ; si la comimicaoion entre los dos pueblos era tan grande que los árabes escríbian versos en castellano , asi como desde el siglo ix los cristianos los escribían en arábigo (según el conocido testimonio de Alvaro de

^ t De esta cuantidad son algunos cantares liado hace (ii^mpo examinando un precioso

» lastimeros que oímos cantar á los moriscos códice manuscrito de la biblioteca del duque

> del reyno de Granada sobre la pérdida de su de Osuna, pero escrito en caracteres castella-

> tierra á manera de endechas. » (Diic. de la nos ; y como aun así puede sor muy impor- poeñ. casi, del conde Lucanor, f. 129.) tante su conocimiento k los entendidos en la

* « E estonces diz que sobió un moro en la lengua árabe , he creído conveniente publi-

»mas alta torre de la villa : e este moro era carie, en la forma en que se halla en el ex-

»muy sabio é muy entendido é fizo unas ra- presado códice, en el Apéndice.

zonesen arábigo que dicen asi b (f. cccxm). s P. ,l6i.

M. Dozy (p. 5A) siente no haber podido hallar * P. 0:21 el texto árabe de esta elegía : yo le he ha-

EN LOS SIGLOS XIV Y XV. LIX

Córdoba) \ ¿qué extraño podrá parecer que de los árabes haya tomado giros, locuciones y combinaciones métricas la poesía castellana , asi como de ellos hemos tomado los cuentos, las novelas y los apólogos?

Los versos en que lamentaban su desgracia los moriscos de Granada, y nos ha conservado Argote de Molina , son muy semejantes á los de nuestros ro- mances cortos de seis silabas : lo que se demuptra dividiendo en dos á cada uno de ellos por la cesura *, y hasta ahora parece cierto que, haciendo igual divi- sión en los versos arábigos de diez y seis silabas, resultan los que usamos co- mmimente en nuestros romances.

Por otra parte , si no se niega , ni puede negarse , que de los árabes hemos tomado ó imitado los cuentos, las novelas, los apólogos y las leyendas, como lo demuestran la Disciplina clerícalis de Pedro Alfonso , los Bocados de oro , . el Cande Lucanor^ las Fábulas de Bilpay y la Historia fabulosa atribuida al moro Rasis, ¿cómo se podrá creer que solo en la poesía hemos hecho una ex- cepción que sería del todo inexplicable si en efecto fuese cierta? Los dos pue- blos estaban en una grande y continua comunicación : las costumbres de la caballería, del honor y de la galantería, se hallaban difundidas casiul igual en- tre moros y cristianos' ; y la influencia reciproca de los unos sobre los otros es un hecho tan constante , que es preciso desconocer el espíritu de nuestra historia para no dar á esta circunstancia todo el influjo y el poder que en rea- lidad ha tenido en la suerte y en los destinos de las dos naciones rivales.

Creo pues que , lo mismo los provenzales que los árabes y que las demás naciones con quienes Castilla estaba en relaciones ó en contacto , han influido en mayor ó menor escala en nuestra Uteratura y en nuestra poesía, asi como á su vez hemos debido nosotros tener influjo en la civilización y cultura de los démas pueblos.

La impresión que la brillantez y cultura de nuestra corte hizo en los trova- dores provenzales ya la hemos visto descrita en sus versos y canciones ; y fácil seria adivinarla comparando el estado del saber y de las ciencias en la corte del Rey Sabio con el que á la sazón tenian , no solo en las reducidas cortes de Provenza^, sino en las de las demás naciones del mediodía de Europa, ll^specto

' Sarmieuto, Mem. kut, déla poes. esp.^ Es excasado decir que leyeudo estos ver-

p. 75. sos como de doce silabas, resultan en toda

su perfección nuestros versos de arte mayor. 3 Véase el notabilísimo (tasaje de la Crónica ¡atina de Alfonso VII, núm. 69, de que ya he hecho uso al mismo propósito en mis estu- dios sobre la Crónica, el Poema y el Roman- cero del Cid. ^ Sismondi (De la lil. dti Midi, i. i, p. 135).

Albambra haaina Gualcozor tapbqui Ala mayaran Ya Mulei Vuadili. A ti ni farári (^nadarRa ti aibaida , Vix nansi nirfttar liaanahod Alhambra, ctr.

LX DE LA poesía CASTELLANA *

de los árabes españoles » bien conocido es hasta qué punto se doblegaron al in- ilujo de nuestras ideas, de nuestro espíritu y de nuestras costumbres ; baste decir que en los últimos tiempos llegaron á escribir, no solo sus poemas y can- ciones, sino hasta sus leyes particulares, en el lenguaje del pueblo vencedor ^

Pero cualesquiera que hayan sido los elementos que concurrieron & la for- mación y desarrollo de nuestra piesia, entre los cuales ha ocupado tin gran lu- gar el conocimiento de los filósofos y poetas latinos, no puede ponerse en duda que ha tenido siempre un sello especial , una índole aparte y un carácter pe- culiar y propio suyo , lo mismo en los cantos populares que en las composicio- nes de nuestros poetas cortesanos. El espíritu castellano, formado de tan diver- sos elementos sociales y politices, se asimilaba ciertamente y apropiaba en las civilizaciones y literaturas extrañas , lo que era conforme á su Índole y esencia; pero fundiéndolo siempre todo en su molde propio y peculiar. Asi se formó y creció aquella nacionalidad ftierte y robusta que dominó más adelaqte, con su inQuenoia, su cultura y sus armas, una gran parte del mundo.

Pero todavía no concluiré el examen las relaciones de nuestra poesía con la de otros pueblos , sin decir algunas palabras de sus conexiones con la por- tuguesa ó gallega.

A últimos del siglo pasado, cuando empezó á despertarse laaflcion á esta clase de investigaciones históricas , se agitó mucho esta cuestión entre dos eruditos célebres, el P. Sarmiento y D. Tomas Antonio Sánchez , con motivo de un pa- saje de la célebre carta del marqués de Santillana al condestable de Portugal. Habia dicho el Marqués, quizá con un poco de cortesanía, escribiendo á un principe portugués, «que non era de dudar que en los reinos de Galicia y Por- »tugal el exercicio destas sciencias mas que en ningunas otras regiones, nf pro- »vincias de la España se acostumbró, en tanto grado (anadia) que non hamu«- »cho tiempo qualesquíer decidores é trovadores destas partes , agora fuesen » castellanos , andaluces ó-de la Estremadura, todas sus obras componían en len- »gua gallega ó portuguesa. E aun de estos (continuaba) es cierto rescebimos »los nombres del arte asi como maestría mayor é menor, encadenadoe, fejo-

reconoce la profunda ignorancia de los tro- vadores, de los cuales algunos, y esos en muy pequeño número , sabian solamente la- tín. Esta ignorancia, según Sismondl, fué una de las causas principales de la esterilidad y desaparición de la literatura provenzal.

* Entre los MUS. del colegio mayor de San Ildefonso de Alcalá se conservaba un códice del siglo xHi, con el titulo Leyes de moroi. De una copia sacada por el académico D.Manuel

Abella, resulta que es en efecto nn cuaderno de leyes escrito en castellano antiguo, mez- clado de palabras arábigas para el uso y go- bierno de los moros , con arreglo á las dis- posiciones del Koram. Según ont nota del mismo Sr. Abella , estas leyes estaban dada» para los moros aun no sujetos ai dominio de los cristianos. La publicación de este cua-* derno seriu muy conveniente para la historia de la lengua y de la legislación.

BN LOS SIGLOS XIV Y XY. LXI

»prm 3f mamobre^n Fundado on estas cUui^las pretendía el P. Sarmiento^ que la poeste castellana era loomo una especie de derivación ó imitación de la gallega ó portuguesa, á quien debia, no solo su origen y bs metros principales en que se escnbia, sino también hasta la lengua en que se expresaba, una vez que todos los antiguos poetas y trovadores de las demás provincias de España componían sus obras en lengua gallega. Impugnaba estas conclusiones el eru- dito Sánchez, pretendiendo demostrar que el escribir los poetas castellanos en portugués ó en gallego fué una moda pasajera, que solo duró algún tiempo y

. que tampoco era exacto que escribiesen en aquella lengua los primeros poetas castellanos, una vez que ni los autores de los poemas del Cid y de Alejandro, ni Berceo y demás poetas antiguos habían usado de otro lenguaje que el común y vulgar de Castilla.

Pero estos doseruditos, empeñados en defender las glorias de sus provincias respectivas, no echaron de ver que daban al asunto una importancia que no- le correspondía y que- lo que agitaban era una cuestión de puro, provincialismo.

. La poesía gallega ó portuguesa y la castellana en aquellos tiempos no podían en realidad distinguirse en otra cosa que en la pequeña diferencia que separaba á los dos dialectos : diferencia entonces mucho menor de lo que es en la actúa-

. liáiad ; y en vez de ser dos poesías distintas eran una cosa idéntica, sin más di- ferencia que la muy pequeña ya indiciada.

En efecto : una de las primeras observaciones que desde luego se h^cen al ieer las antiguas colecciones de poesías es el enlace intimo y estrecho qiíe te- nían entre si las dos. literaturas castellana y portuguesa, si se podían en efecto considerar como cosas, realmente diferentes. Hoy que tocamos el funesto re- sultado de una política recelosa y suspicaz seguida con pertinacia durante dos

* siglos , política que ba tratado de separar al Portugal de los sentimientos é in-

' tereses peninsulares, y de hacerle volver la vista, no adonde siempre la bate- nido vuelta, sino hacia otros países, otras ideas y otros afectos que no tienen con los suyos ningún género de conexión y analogía , tenemos alguna dificul- tad en comprender la identidad antigua de la literatura de los dos países. Pero el Portugal en sus días de gloria , cuando siguiendo los instintos de su nacio- nalidad daba de si las grandes muestras que tan profunda huella han dejado en 4a historia del mundo , era un pueblo eminentemente peninsular y español , co- mo Aragón , como Valencia y Navarra : como estos pueblos peleaba algunas veces con Castilla en riñas interiores y, por decirio asi, civiles ; pero en las gran- des ocasiones , en aquellas sobre todo en que el ínteres peninsular peligraba ,

* Col. de poes. ant. al <fg/o xv , l. i , p. Ivii.

* Memoria» para la hUloria ét lapoetia eipaUoia, pp. 909 y sigHíenlc^.

tXIl DE LA poesía CASTELLANA

era muy coman verlos unidos bajo una misma bandera. Sus nobles» sus sabios y sus hombres distinguidos tomaban parte en todos los negocios peninsulares; eran conocidos en la brillante corte de Castilla como los castellanos lo eran en la de Portugal, y las principales familias de los dos reinos estaban enlasadas por vínculos estrechos de sangre y parentesco. Portugal no era masque una de las variedades de la nacionalidad española , y su literatura por lo mismo otra va- riante, y no grande, de la literatura castellana. La lengua, ademas de no ser €A realidad más que un dialecto de la de Castilla, era casi enteramente conformo á la gallega que se hablaba en una gran parte de los dominios castellanos; y (311 los tiempos á que nos referimos la semejanza era aun mucho mayor, hasta tal punto que hay composiciones que se duda si están escritas en portugués ó en ca«;tellano.

( luando Portugal , por las causas indicadas , renunció á esta vida española pro- pia y peculiar de los pueblos peninsulares, perdió también su fuerza, su vigor y su espontaneidad : desde entonces apenas tiene literatura, apenas tiene inde- pendencia. Hase querido contradecir y violentar el espíritu español y peninsu- lar que le animaba; y en estos esfuerzos contra la naturaleza de las cosas, su vitalidad y enei^la se han considerablemente enen'ado. Hoy Portugal está tan separado de los demás pueblos de la Península, que en ellos se sabe mas bien lo que pasa en cualquier pais de Europa que en el que tenemos , por decirlo asi, á li puerta de casa.

En lo antiguo no sucedía asi : las dos literaturas estaban tan unidas como los dos pueblos ; los castellanos escribian versos en portugués y los portugueses en castellano indistintamente. El marqués de Santillana nos testiHca , según acabamos de ver, que algún tiempo antes de aquel en que escribía, cualesquier poetas ó trovadores castellanos com|)onian todas sus obras en gallego ó portu- gués: el rey 1). Alfonso el Sabio escribió en esta lengua todo el libro de sus Cantares, y Villasandino, Maclas, el Arcediano de Toro, Pero González de Mendoza, Jerena y el marqués de Santillana compusieron nmchos de los versos que aun nos quedan en aquel mismo dialecto *. Los trovadores y poetas por- tugueses por su parte escribían con nmcha frecuencia en castellano, como lo hicieron el famoso infante D. Pedro, D. Juan Meneses , Diego Brandam, 1). Juan Manuel, el Coudel Moor Fernando de Silveira, Luis Anriquez, el conde do Vimioso y todos los demás que se pueden ver en el Cancionero general Portu- ffues, publicado por (jarcia de Resende, cinco años después que Castillo había publicado el suyo *.

< Véanse los números 5 , i5t , 300 , 310 al gallego 6 portugués en los Cancioneros MNS. 310, ?iOO. etc. (leí Cancionero de Baena. Del Los poetas portugueses del Cancionero

marqués de Siinlillaiia hay composiciones en de Revende , que han escrito versos en caslc-

EN LOS SIGLOS XIV T XV.

LXTFI

Pero Mbia aan m&s : los autores dramáticos portugueses escribían' indistin- tamente en las dos lenguas, como se ve en las obras del célebre Gil Tícente y en las de Camoens S y los interlocutores hablaban unos en portugués y otros en castellano ; lo que demostraría , si de ello hubiese necesidad , hasta qué punto la lengua castellana era común y vulgar en el pueblo portugués *. Hasta los can- tares populares estaban con frecuencia en castellano *; y Fo mismo los motes que sacaban en las justas los caballeros y cortesanos portugueses , como suce- dió en las celebradas de Évora de 1490 en que de los treinta y siete justadores uno solo, ademas del Rey, sacó el mote ó divisa escrito en portugués*.

Y ademas, ¿quién ignora que una gran parte de los mejores escritores por- tugueses del buen tiempo de su literatura, como el gran Camoens , Faria, Mon- temayor, Manuel , Meló y otros que sería excusado mencionar, han compuesto

Uano, son ios siguientes : D. Juan de Meneses, el eoudel Moor, Alvaro de Dríto, Duarte Bri- to , D. Juan Manuel , Dom Rolym , Diego Mi- rauda , Fernán Tellez , Fernán Brandam, Gas- par Figaeiroa , Alfonso Pirez , Gonzalo Mén- dez Zacote, Gregorio Alfonso Badajoz, el prior de Santa Cruz, D. Juan el camarero ma- yor, Pedro Mem , Sancho de Pedrosa, infante D. Pedro, Pero Secutor, el conde do Vimo- so, Luis Anriquez, J. Ruiz Gastellbranco, Francisco Saa , Manrique de Saa, Ñuño Pe- reira, Eduarte Reseode, Manuel de Goyos, García de Resende. Total, 29. Ademas ha; Tersos de Moutoro, de Juan de Mena y de Jorge Manrique.

* Gil Vicente puede decirse que escribió en castellano tanto como en portugués , á pe- sar de ser nn poeta dramático popular. En efecto , los autos Los Reyes Magos , La HbUa Casañera , La Fe, Los cuatro íiempos, y La horca de la Gloria ; las comedias El viudo y La divisa de Coimbra; y las tragicomedias Don Duardos y Amadis de Gaula , están en caste- llano , y el resto de sus dramas está escrito casi todo en las dos lenguas. (O^riM completas de Gil Vicente, Lisboa, i 845.)

Camoens en sus obras tiene hasta treinta y seis composiciones en castellano , ademas de los razonamientos que pone en boca de los interlocutores de sus dramas , que hablan castellano.

* En la Comedia Rubena.úe Gil Vicente, por ejemplo, hablan castellano la misma Ru- bena, el Licenciado, Benita y el Príncipe: los demás personajes hablan portugués. De este mismo modo están escritas la ma or parte de sus obras dramáticas. En la comedia El rey

Seleuco, de Camoens, hablan castellano el médico y su criado ; en la de Os AnfUrioes, Sosia y Mercurio, y en la de Filodema, el pastor y el bobo.

' Gil Vicente introduce muchas veces á las gentes portuguesas del pueblo cantando can- ciones en castellano, y de las conocidas como populares. Asi en la escena 3.' de la Rutena t as labrandeiras > y « Cismena » cantan coplas castellanas, y el « ama de cria » examinada por la « hechicera » acerca de las canciones que sabia, le cita indistintamente cantigas portu- guesas y castellanas.

HECHICERA.

De que tempo sois parida?

AMA.

De han anuosinbo no mais.

HBCHICBIU.

E que cantigas cantata ?

AMA.

A Criancinka despida— Eu me sam dona (iiralda— E tamben —Valme Lianor— K —De pena matáis Amor— E —En Parts estaba Donalda— , Dime ta señora di— Vamonos , dijo mi tio— E Llevadme por el rio— E tamben —Calbi ora M— E —Levánteme un dia Lunes de mañana— E —Muliana , Muiiana— E —NaA renkais alegría— E outras muitas dcstas taes.

* Véanse estos motes en el Cancioneiro de Resende, f. clxxiv, y en el f. lxxiv de la Vida e feitos del Rey dom Joham segundo, del mis- mo autor. Evora , 1554.

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BR LOS SIGLOS XIV Y XT. LST

era el e^plritu.de entonces reflejado np solo en las composiciones poéticas, sino en las justas, pasos, y torneos, y en los libros de caballería.; y los trovadores se entregaban á él en cuerpo y alma. Macias era-victima de su pasión; y más por esto que por sus canciones llegaba su noiphre á ser universalmente. cono- cido y popular. Garci Sánchez de Badajoz, moría de amores de una parienta suya \ y los versos dulcísimos en que desfogaba su pasión le daban un lugar eminente entre lo^ trovadores de su tiempo ; y Rodríguez del Padrón , que des- preciado de su dama se iba á Jerusalen á encerrarse en un convento, dejaba una despedida que,-camo he indicado ya, fué una de las poesías más celebradas, cantadas y comentadas de su tiempo. La popularidad y la fama de estas aven- turas pintan mejor que nada el espíritu de la época ; sin él , hubieran pasado ' ignoradas y desconocidas. . Una vez apoderado este espíritu de los trovadores castellanos por las causas

indicadas , todos se creyeron autorizados para suponerse enamorados y penando

*

en lo que ellos llamaban infierno de amor. Con este título escribió el mismo Sánchez de Badajoz , siguiendo la idea de Guevara , una curiosísima composi- ción ^ que presenta sufriendo en aquel infierno á treinta y nueve de los más celebrados trovadores de su tiempo ^ ; el marqués de Santillana escribió tam- bién el Infierno de los enamorados ' ; Diego de San Pedro , la Cárcel de amor ; y .AP solamente hubo yja estos infiernos y cárceles áp amor, sino naos de amor, iestamentos de amor, pleitos de amor, gozos de amor, penitencias de amor, mandamientos de amor y hasta misas de amor *. Porque empeñados en este camino los trovadores de Castilla, mezclaron mil veces lo santo con lo profano, é hicieron en sus composociones amorosas alusiones tan irreverentes ála3 cosas sagradas que hoy escandalizarían , con razón , á las personas menos timoratas \ Entonces, sin embargo, eran muy recibidas y corrientes á lo que es de creer, porque ni lenian ni nadie les atribuía la intención y la trascendencia de que hoy seria dificil despojarlas. Pero estos mismos excesos é irreverencias son una •prueba de la fuerza y expansión del espíritu galante que entonces, según hemos visto , dominaba la sociedad.

* Volazquez , Orig. de la poet. cast, , p. 54.

* Canc. yen. , 157."5, f. ctxv.

* Rimas inéditas del marqués de Santillana^ pablicüdas por Ü. K. Ochoa, París, 1844. p. 249. Se halla también en el(lano\oneroMS. deS. M. , núm. 1.

* Nao de amor , de Juan de Dueñas: Testa- mento de amor, de G. S. de Badajoz; Pleitos de amor, de varios; de 16 que salieron los Arrettot de amor; Gozos de amor^ de R. d«l

Padrón ; Mandamientos de amor, del mismo ; Misa de amor,áe Suero de Ribera.

B Una canción del <5ondc&Uble D. Alvaro de Luna comieiiza de esta manera :

Si i)ios nuestro Salvador

Hobiera tomar amiga

Fuera mi competidor. (Cnr. MS.J

N'o se puede llevar más lejos el abuso y la irreverencia.

Ccnsíderado fikMóficaineote este e»plríui cod relacioD sobre todo á los tiem* pos de que haMaoios, me parece muy digno de tomarse eo cuenta. Por mim qoe se diga, la poesfa amatoria en general no es un género tan (HtoIo cor mo algunos pretenden ; si lo fuera, no hubiera sido en una ó en otra forma cnk títado siempre y en todos tiempos y por todos los poeblos. La pasión del amor conteniéndola, idealizándola» poetizándola en fin, es un gran elemento de ci- f ihzaeion y cultura, y no se puede negar que los poetas han contribuido áesle provechoso resultado. Sin los poetas el amor seria solo una pasión material y vulgar, y las mujeres serian probablemente tratadas como aun hoy lo son en— tre muchos poeblos bárbaros. Ademas, la galantería era en aquella época un tributo rendido á la belleza por la fuerza material : era un limite á esta misma fuerza ; y cuando aquellos hombres vestidos de hierro y armados de pies á ca- beza se inclinaban ante un ser delicado y d^il y le tributaban los más exage-i rados rendimientos y obsequios, al mí.^mo tiempo que ensalzaban á la mujer tratada como esclava entre-fas nacir»nes no cristianas, se acostumbraban aque- llos feroces guerreros á reconocer que no todo se obtenía á lanzadas, y que era necesario cultivar artes diferentes de las de los combates y de la guerra. No trato de hacer comparar irmes irreverentes , pero no hay duda que al ver á la fuerza material é indórniti de ia edad media, que se negaba siempre á reconocer el freno de la autoridad y de las leyes, prosternarse ante dos seres indefensos y débiles de por sf como eran el sacerdote y la mujer, se vela ya el principio del ascendiente de la fuerza moral y del derecho , sustituidos á la violencia ; y el de los sentimientos delirados que habian de llevar después á la Kuro|)a ¿ aquella corti^sanla y cuiUira que la distingue entre los demás pueblos y naciones del glo- Iki. y al magnífico desenvolvimiento posterior de la poesía y de las bellas artes. Kn esto píidia corno en todo haber excesos, haber exageraciones y extra\'agan- cias, pero jamas el buen obsí»rvador juzga de la influencia de las instituciones y (jíwtuinbres de la soriedad ¡lor ti abuso que de ellas pueda hacerse : juzgando de este modo juzgaríamos nial de cuanto existe.

V(}r lo dcíiias, Ihj observado ya que si este amor de la gaya ciencia cortesana era favorable en cierto modo á la cultura y al progreso do la sociedad , quizá no lo era tanto á la fuerza y al vigor de la poesía , y á la verdad misma de los sentimientos que expresaba. Nada hay en efecto más lánguido y más frió que . este amor platrtnico, sutil y metaflsico; y las poeshis amf)rosas de nuestros ('cancioneros, K»jos do producir en el ánimo la impresión elevada que se propo- nian sus autores, ni nos conmueven siquiera como los sencillos romances de este género, y ftiuclio menos como los yersos naturales y sentidos que más ade- lante inspiró el amor á (iarcilaso, A Vllkígas y otros muchos de nuestros poe-

EN LOS SIGLOS XIV T XV. LXVll

Ufes. ¿Qué caución de la poesia cortesana puede competir en gracia y en sen- tamiento coo ios' conocidos y antiguos romances deja Fuente fria, de la Rosa fréica, del Cautivo, deBelerma y de.otros ciento que seria difuso mencionar? Y entre todas las composiciones amorosas de nuestros Cancioneros , ¿cuál es la que puede ponerse al lado de las églogas y de las anacreónticas de los dos po^ tts del siglo XVI que dejo citados?

Sin embargo , algunas composiciones de este género, de Villasandino, de Ma- eias, de Imperial, de Rodríguez del Padrón, de Gafci Sánchez de Badajoz, de Santíllana y de Pedro de Cartagena \ tienen un mérito poético indudable, y ana fuerza y una gracia, que serla injusto desconocer*. . £1 género religioso ó devoto no fué en el siglo xv y en los anteriores tan cul- tivado como en los siguientes. La Sociedad guerfera, turbulenta y ardiente de aquella época no era tan inclinada á esta clase de composicrones como la re-

* propósito llamo á este célebre trova- dor Pedro Cartagena , siguiendo á l>. Grego- rio Mayans {Retórica , 1. 1 , pp. 160 y 305 ; t. ii* pp. 2S0y235)f para deshacer la equivucaciojí OB qoe incurrieron Verazqaez, en sns Orlge- múdela pees, catt, , p 52; Bouterwek y Tick- nor, en sus Hittoriai de la literatura españolad j úlUmamente el Sr. Amador de los Ríos, en WBEiiudios sobre los judies. Estos eruditos dan por supuesto? sentado guc el enamorado Corttgeua , que el «práctico en amores », co- mo le llamaba Castillejo , es el insigne pre- lado D. Alonso de Cartagena , obispo de Bur- gos; y coa este motii^o se entregan algunos de ellos á consideraciones infundadas. Para deshacer esla equivocación basta recordar qae el obispo D. Alen.so de Cartagena murió en i456, y que el Cartagena de los Cancio- neros , según se ve por sus mismos versos^ ▼ivla aun en tiempo do los Keycs (Católicos y en los años próximos á U9¿ , en que se tomó á granada. Asi en efecto se ve en las coplas dirigidas á la reina D.* Isabel, en que le dice *.

Porque se concluya y cierre Vmeiira empresa eomentadé Dios querrá , sin que se yerre, Que rematéis vos la R £a el nombre de Granada...

(Cmc. gen. , f. cxv.

De Pe<lro Cartagena, hermano del obispo D. Alonso , hay memoria en las Crónicas de D. Juan II y D. Alvaro de Luna. (Véase tam- Mcn lo que de él se dice en los citados £>(«- Hhs sobre los judíos^ p. -IjS. ) Ksie D. Pedro

Cartagenar«* sea ó no el trovador de Ids CaU- cioneros, consta qiiealcanié los tiempos de los Reyes Católicos.

* Véase , por ejemplo , la siguiente compo- sición de GarCi Sanchee de Badajoz , dirigida á sH amiga. (Cano, gen. , f. cliiv.)

La mucba trisleía mía Que causó vuestro deseo, Ni de noche ni dia , Quando estd donde nos veo , No olvida mi eompaAla.

Yo los dias no. los vivo , Velo las noches cativo, ¥ si alguna noche duermo , Suefiome muerto en iin yei'mo En la forma qie aqui escribo.

Yo suAaba que me yva » Desesperado d'amor^ Por una montafla esquiva Donde, sino un ruy seAor , Tiío hallé otra cosa viva.

Y del dolor que llevava , Soílaba ^ue me flnava,

Y el Amor que lo sabia Y' que á buscarme venia Al ruy señor prejnintaba.

Dimíe, liado my sefior^ Vistes por aqii perdido

Tn muy leal amador Que de mi viene herido ?

¿Como, soys vos el Amor?

Si , yo soy i quien seguid >

Y por quien dulces viv|s Todos los que bien am^rys.

Ya se por quien preguntáis \ Por Garci Sánchez decís.

3lny puco ha que pasó

LXVni DE LA poesía CASTELLAÜA

posada ; severa y ordenada del siglo xvi , en que mvi el orden y sosiego publico establecidos faltaron las aventuras, las guerras particulares 7 las galanterías de las épocas anteriores de turbulencia y anarquía. Entonces, se afiapzó más y preponderó el influjo de los prelados y gentes de letras sobre el délos grandes señores y. caballeros^ más llevados naturaTmente á los sentinlientos hispiradoií por las justas, fiestas y galanterías de los saraos. La Iglesia, por otra parte, pugnaba desde muy antiguo por purgar á la sociedad de la parte incivil y bár- bara de todas las instituciones : condenaba las guerras privadas y los duelos, 7 proscribia como una diversión irreligiosa é impla las justas y Jos torneos en que tan sin razón ni motivo exponían su vida los caballeros más principales. Los ruegos de los más influyentes personajes no bastaron pafa q.ue se conce*- díesen los honores de la sepultura edesiástiica al caballero aragonés Cláramon^ ie , muerto por Suero , bijo de Alvar Oomez , en el famoso paso honroso del puente de Orbigo ^ Pero la Iglesia no alcanzó todos los resultados de eslos ci^ vilizadores é ilustrados esfuerzos basta el reinado de los Reyes Católicos : enton- ces desaparecieron casi enteramente las guerras particulares que los señores y grandes seliacian diariamente entre si en virtud de un antiguo y muy reconoci- do derecho, y cesaron las-justas y torneos tan comunes en los reinados ante- riores, que solo en la Crónica de D. Juan //se hace mención de más de veinte de los más notables *.

Solo por esta ribera ,

Y como le vi y me vio, Yo quise saber quien era

Y él luego me lo contó , üiziendü : yo soy aquel

A quien ma¿ fue amor cruel , Crael qtie eaasó el dolor. Que á mi no me mató amor Sino la tristeza del.

Yo le díxe si podré A tu mal dar algún medio : Dixome ; no , y el porque , Es porque aborri el remedio Quando del desespere.

Y estas palabras diciendo*,

Y las lágrimas corriendo Se fue con dolores graves : Yo con otra» muchas aves Fnemos empos del siguiendo ,

Hasta que muerto cgyó Allí entre unas acequias

Y aquellas aves y yo

Le cantamos las obsequias Porque d'amores murió.

Y aun no medio fallecido La tristeza y el oh ido

Le enterraron de crueles ,

Y en estos verdes laarelet

Fué su cuerpo convertido.

Ü'alli nos quedó costumbre Las aves enamoradas . Üe cantar sobre su cumbre Las tardes, las alvoradas Cantares de dulcedumbre.

Pues y'os otorgo indulgencia De las penas q'el ausencia Os dará amor y tristura , A quien mas su sepultura Servirá con reverencia.

riN.

Vimc alegre , vlme ufano H'estar con tan dulce gente *

Vime con bien soberano Enterrado honradaiñente , Y.muertode.vuestra mano. . .

Asi estando en' tal concierto . Creyendo que era muy cierto . Que vela lo que escrivo , Recordé y baíleme vivo De la qual cau^a soy muerto.

* Pasohonr., §. lxiv.

«Véanse las pp. 13ü, 139, 157» 2£g, i27, 2S9, 230, 338, 339. etc. , etc. ,*de la edición de Valencia de 1779.

EN LOS SIGLOS XIV T XT. LXIX

'. El espirita de la sociedad castellana sufrió con esto y con las guerras y ex- pediciones lerjanas, que llevaban fuera y espárcian por todo el mundo los esfuer- SDs de la vitalidad y energía españolas', un grande y notable cambio.. El ele- mento caballeresco; profano y emprendedor, disminuyó en gran manera en el interior de Castilla, tomando mayor empuje y ascendiente el religioso, y si puedo é?qnresarme asi , el letrado. La dinastía austríaca exageró quizá estos re- ' sulta4os separando ala nobleza, de la Corte y delgobiemo del Estado, y entre- gando la principal. influencia & los clérigos y togados ; y unidas estas causas al mío religioso que debió naturalmente excitar y acrecentar la aparición de la neformá protestante, en el ánimo de los españoles, católicos celosos á la vez y defensores de la casa de Austria, la España tomó entonces en todo un tinte re^ ligíoso y católico tan subido que en vano buscaríamos otro semejante, en los ochocientos años en que bajo la enseña de la Cruz estuvo casi exclusivamente peleando contra los infieles.

Por eso la literatura del siglo xvi y siguientes, por eso, principalmente la poe- sía, tienen más de religiosas en .este periodo que en el siglo xv y les anteriores. . . No se crea sin embargo que faltan en nuestros Cancioneros composiciones religiosas , y que nuestros trovadores no hayan cultivado este importante ramo de la poesía muy desde el principio. Mucho antes que el rey D. Alfonso el Sa- bio escribiese un libro entero de cantigas religiosas se hablan ya ocupado de estos asuntos Gonzalo de Berceo , los autores de la Vida de Santa María Egip- ciaca y de la Adaracion de los santas Beyes, y otros que sin duda les pre- cedieron. Después fueron fruto -de esta tendencia la Vida de San Isidoro y de 'ia Magdalena, del beneficiado de Úbeda, la Doctrina cristiana y la Vision de un ermitaño, de autores anónimos, y las poesías de este género del Arcipreste de Hita, de Yillasandino , de Lando, de Calavera, de Rodríguez del Padrón^ de Tallante, de Pero Guillen, de Alvarez Gato, de Fray Yñigo López de Men- doza y de otfos muchos cuyas composiciones se encuentran en los Cancione- ros impresos y manuscritos.

Pero es á mi ver muy cierta y muy digna de notarse una circunstancia, que me ha llamado siempre la atención. La mayor parte de estas composiciones tiene por objeto á la Virgen María. Asi debe naturalmente suceder siempre que, como entonces, se